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martes, 24 de mayo de 2022

ANTE EL MONUMENTO DE SUCRE

 


 

Señores:

 

A veces las disciplinas de la subordinación suelen gravarnos con deberes y obligaciones que exceden en mucho a la potencialidad de nuestras escasas fuerzas. Esto ocurre en el presente caso en que me veo traído a este lugar para dirigiros la palabra, para hablaros de una de las gestas magnas que tienen resplandor de sol en el cielo de nuestra libertad, que tienen aroma de rosa sangrante en el campo de nuestro heroísmo, que tienen sublimidad de martirio en el bautismo cruento de nuestra vida republicana. Doblegado por tan ímproba tarea, mis primeras palabras sean para pediros que coloquéis con prioridad el óbolo de vuestra benevolencia en el gazofilacio de mi ninguna erudición, de mi poco talento, de mi propia y reconocida deficiencia.

¡Pichincha! He ahí tofo un símbolo alrededor del cual gira el magnetismo del vivir de un pueblo. ¡Pichincha! He ahí el centro de gravedad al que concurren todas las hazañas anteriores, todas las glorias posteriores, que marcan con signo de esplendor la frente arrogante de la Patria nuestra, que desde entonces muy juntamente, arrebató al firmamento el prestigio de luz del zodíaco para apresarlo en el girón del cielo, que enmarcó dentro de los límites de su blasón nacional. ¡PICHINCHA! He ahí la cumbre repleta de fuego en sus vísceras gigantes y que sin embargo ha callado ya, porque para ser reina de las cumbres le sobra el centellar de mil espadas triunfantes, porque para ser reina de los volcanes le sobra magnitud de esa explosión guerrera, que entre torrentes ígneos de esa sangre -_ por humana, fragante- dio a luz, en medio de convulsiones de apoteosis, al monolito incandescente de la independencia Ecuatoriana. Bien hace con callar. En toda la serie de la edades, acaso la montaña sagrada no podrá volver a levantar si ignívoma columna de gloria hasta la plenitud del firmamento para allí constelarla de astro.

                                                                                              *   

Un vendaval de libertad soplaba de un extremo a otro del continente de Colón. La madre, la vieja madre, aunque grande, siempre grande, estaba caduca; sus brazos encogidos por las cicatrices de cien luminosas heridas, no podían estrechar en su seno palpitante el cimbrador talle de la virgen; su manto desgarrado por la polilla de los siglos, que pone en todo lo terrenal la abominación de la desolación, no alcanzaba a cubrir íntegramente su cuerpo regio; los Virreyes y los Presidentes de Audiencia, en vez de ser los ministros de un culto de paz se habían convertido en sicarios de pretorio; los conquistadores habían ampliado su sed de oro y nada les importaba desgarrar con sus acerados picos de agila hambreadas el primor de la corola, a trueque de escanciar hasta la última gota de miel que ocultaba la flor en sus entrañas delicadas; los hermanos rubios del Norte habían formado hogar aparte. Por todas estas causas, un vendaval de libertad recorría, de una extremo a otro, el Continente de Colón, jinete en los corceles de Bolívar y San Martín, de Sucre y de O’ Higgins, de Ar4tigas y de Páez.

 

Dejando al margen los esfuerzos libertarios de Nueva Granada y de Venezuela, nuestras hermanas gemelas en el alumbramiento a la gloria, y que habían coronado sus sienes con los laureles de Boyacá y de Carabobo, preocupémonos del proceso definitivo de nuestra emancipación.

                Era el 9 de Octubre de 1820, cuando la noble Guayaquil sacudió el yugo de la Metrópoli. Los nombres de Olmedo, Villamil, Illingwort, Rocafuerte, Noboa, Escobedo y tantos y tantos, forman corona aparte en la legión de los patriotas en trono de los Tres del “Numancia”; Urdaneta, Febres Cordero, Letamendi. Esta heroica acción de Guayaquil le mereció ser la primogénita en la vida independiente; ella no volvió a caer en el cautiverio de la colonia. No así las demás poblaciones de la Real Audiencia: el 10 de Agosto de 1809 en Quito, el 3 de Noviembre de 1820 en Cuenca, el 11 del mismo mes y año en Riobamba, etc., probando están los enormes sacrificios que tales poblaciones consumaron para obtener su independencia, planta de vida efímera que murió al beso de un crepúsculo de sangre. No fueron ellas tan afortunadas como Guayaquil; apenas reventaba el pimpollo cuando la segur española lo cortaba. Pero la tierra conservaba la eficiencia del germen.

                El 9 de Octubre de 1820 debemos mirar, no sólo como el natalicio de Guayaquil a la vida republicana; no. Es preciso también ver en él la más risueña aurora de nuestro sol de Libertad; el más realizable vaticinio acerca de nuestro futuro de libertad; en suma, el principio verdadero de nuestra existencia de libertad.

No bien Guayaquil había conquistado las palmas de la victoria, congregó en torno de sus héroes  a cuantos pechos voluntarios abrasaba la chispa de la rebelión. Y formó un Ejército en el que figura desde el primer momento quien más tarde sería síntesis de valor, ejemplo de disciplina, modelo de amor patrio: un niño, un niño de diez y seis años, un niño cuencano, cuyo nombre presienten vuestros corazones: Abdón Calderón.

Pusiéronse en marcha los reducidos pero denodados tercios de patriotas congregados en Guayaquil a las órdenes de Urdaneda y Febres Cordero. Pero ¿a dónde iban?... Pues, a Quito. Guayaquil, brazo derecho de la patria, no podía consentir que su magnánima cabeza se hallara entenebrecida por las sombras del coloniaje, y enviaba a sus soldados para que con sus espadas reflejaran sobre la cautiva los resplandores ecuatoriales, que rectilíneos no podían llegarle, porque España era todavía capaz de producir un eclipse, por lo menos parcial de sol.

Capturada Babahoyo, los insurgentes avanzaban sobre Guaranda, pero fue preciso que el León de nombre y de alma se batiera con todos los leones para conquistar tal ciudad; y el 9 de Noviembre derrotaba Febres Cordero, con un puñado de los suyos a quinientos hijos de España que vinieron a costarles el paso en “Camino Real”.

Incontenible parecía la marcha victoriosa de los patriotas sin embargo la fortuna tiene veleidades que atraen la aguja de la brújula guerrera no siempre hacia el norte del triunfo sino también, y a veces con mucha frecuencia, hacia el mediodía del desastre. Llegados los patriotas a la ciudad de Ambato, después de haber engarzado ya a Riobamba en la diadema de oro de la emancipación, salió a su encuentro el Ejército Realista que lo capitaneaba un hombre, por español valeroso, por dominador temerario, el Coronel Francisco González. Sus filas se completaban con batallanos escogidos, con gente mimada por la gloria, con soldados que hablan, en la misma Península, Ibérica, arrancando plumas a las alas e ensombrecedoras –por grandes y por fuertes – de las águilas francesas; con hombres de hierro que formaran las murallas de Zaragoza y de Bailén, en donde la espada de Napoleón, acostumbrada a hundirse hasta el pomo en el pecho palpitante de cuantos su voluntad de semidiós quería avasallar, se melló en cien partes y perdió su temple y comprendió que no era la lucha del acero victorioso de Austerlitz y Moscou contra las hordas siberianas, contra las partidas cosacas, contra los gitanos de Austria, sino la lucha del acero victorioso también de  Gravelinas y San Quintín. Con esos hombres, con los “Dragones de Granada”, venía González a combatir a los cachorros republicanos.

Sabían los jefes insurgentes que se acercaban las tropas realistas. Cerca de Ambato, se tienden al fuego del trópico las áridas llanuras de Huachi. Generosos caballeros no quisieron que el recinto de la ciudad se tiñera en sangre; y resueltos a afrontar todo peligro, van a esperar a los hispanos en las predichas llanuras.

Era el 29 de noviembre. Cuatro mil hombres, casi exactamente repartidos, forman los Ejércitos de una y otro contenedor. Suena la trompa guerrera, y empéñase la lucha cruenta, espeluznante, terrible. Los nuestros, con todo el ardimiento de su sangre americana, atacan desaforados; parece que ceden el campo los hispanos; pero entre las nubes de polvo se destacan los “Dragones”, jinetes en alígeros corceles; hay aturdimiento en los patriotas, uno de los nuestros, Hilario Álvarez, cambia por otro el sitio en donde el Comando lo colocara; se aprovechaban los enemigos del poco estratégico movimiento, y penetraban por el espacio vacío, y viene la carnicería inhumana; y cuando ya seiscientos rebeldes yacen tendidos sin vida en la llanura, después de haber fecundado con su sangre los yermos arenales, se declara la derrota. Huyen los cachorros ante la casi omnipotente pujanza de la fiera.

Y después . . . Un suceso desgraciado, parece que arrastra en pos de sí toda una serie de ellos ¿Tal vez existe la gravitación en el universo moral, como en el físico?---   

Y viene “Tanizagua”; y viene la traición de López y Ollague, infaustas para el norte de nuestra Patria en formación; y vienen para esta ciudad de Cuenca, todos los martirios del “Año Terrible” en 1821. Los ímpetus de González no van a estrellarse contra Guayaquil, a raíz de Huachi; vienen contra Cuenca, que el 3 de noviembre había proclamado su emancipación. El intrépido guerrero, que avanzaba victorioso, derrota a nuestras pocas fuerzas en “Verdeloma” el 20 de Diciembre, y llega a la ciudad; permanece en ella por espacio de un año, perpetrando tropelías e injusticias sin ciento.

                                                                                              *

 

Pero veamos la nueva etapa de la Revolución.

Guayaquil, desde casi el primer momento de su vida libre llamó a su auxilio a los dos principales Libertadores de Sud américa: Bolívar y San  Marín, a fin de que coadyuvaran con ella para conquistar la emancipación de toda la Real Audiencia de Quito. No fue desatendido tal reclamo, y por parte del primero vinieron, con prioridad, Mires y luego Sucre, para proporcionarle generoso socorro. Llegó Sucre, el mejor lugarteniente de Bolívar, en nuestro puesto el 6 de Mayo de 1821. A poco tiempo de que se hubo hecho cargo del mando del Ejército, se vio obligado a debelar la traición que, en los días 17 y 19 de Julio, llevaron a efecto Ollague y López. Ya enunciamos tal hecho, que el tiempo no nos permite detallar. Sigamos a Sucre en la senda de sus batallas.

Desde la sublevación de López se hallaba el futuro Mariscal de Ayacucho, en Babahoyo. Allí proyectaron atacarle conjuntamente Aymerich, por el norte, y González por el Sur. Ventajosamente los movimientos de éste por la “Quebrada Honda”, en la Provincia del Cañar, fueron observados por un cuencano, el señor don Miguel del Pino Jijón, quien tenía sus haciendas en el lugar. Decidido como era dicho señor por la causa de la independencia,  púsose en marcha inmediatamente hacia Babahoyo, en donde comunicó a Sucre el proyectado ataque simultáneo de los enemigos. Con la velocidad del rayo, Sucre abandonó Babahoyo, y bajó a esperar a González en las playas de “Yaguachi” o “Cone” (de ambas maneras se denomina la acción). Eran las once de la mañana del 19 de Agosto, cuando comenzaron a salir entre las montañas y bosques circunvecinos las tropas españolas. Sin permitirles los patriotas que se desplegaran en campo abierto, les atacaron furiosamente. El famoso batallón “Dragones de Granada”, en tales desfiladeros y marañas, nada pudo. González se empeña hasta el heroísmo por abrir brecha hacia el frente; pero las Unidades Colombianas: “Saantander”, presidida por Cestaris, “Dragones”, comandada por Mires, y el batallón guayaquileño “Libertadores”, no lo consienten; firmes están en sus puestos; cede el valor de los hispanos, y se consuma la derrota de González, el triunfador del primer “Huachi”. Las bajas sufridas por los realistas llegaron a doscientas, y son seiscientos los prisioneros que dejan en poder de los victoriosos.

Después de tan afortunado encuentro, Sucre se vuelve hacia donde había dejado apostado a Aymerich, más éste no presenta combate; huye abandonando Guaranda y Riobamba, que son capturadas por los libertadores.

Nuevamente se entenebrece el horizonte; y en el mismo campo fatal de “Huachi”, que, como el de “Verdeloma” solamente presenció desastres, la estrella de Sucre no se obscurece, no pierde luz, pero se opaca por las brumas de contraria fortuna.

El 12 de Septiembre las Fuerzas realistas, con plena confianza en el triunfo que les auguraba, no tan sólo la superioridad numérica, sino también la de armamentos, equipos y conocimiento del campo, atacan denodadas. La caballería española destroza, al igual que en el primer “Huachi” a la infantería nuestra; pero el valor que produce el ansia de libertad es enorme: he ahí el motivo por el cual, a pesar de haber perdido la acción, mayores son las bajas que sufre el vencedor que el vencido. Hubo de lamentarse que cayera en manos de Aymerich, como prisionero, el valeroso General Mires.

La tragedia de “Huachi”, obliga a Sucre a retornar a Guayaquil, para allí combinar un plan más meditado y pedir refuerzos a Bolívar. Este envía primero al batallón “Paya” y después al
“Alto Magdalena”, disponiendo, así mismo que el Protector del Perú mande al batallón colombiano. “Numancia”, que a sus órdenes tenía. San Martín que estimaba en su verdadero valor el denuedo del “Numancia ” no consintió en ello, enviando en reemplazo al Coronel Andrés de Santa Cruz con una división formada por las Unidades “Piura”, “Trujillo”,  “Granaderos del Río de la Plata”, etc. Integrados por soldados en parte peruanos y en parte argentinos.

Con la venida de esta División combinó Sucre su viaje hacia el Sur, por Machala, pues más ventajoso le pareció y en efecto lo era, realizar la campaña desde Cuenca, que le ayudaría, no exclusivamente con hombres (ya muchísimos estaban enrolados en los tercios libertadores) sino aún con dinero, con ropajes, víveres, etc. Que proverbial era la generosidad de la ciudad, y nunca desmentida su lealtad a la causa de la Patria.

Así lo hizo y habiéndose reunido con Santa Cruz en el pueblecillo de Oña, el 16 de Febrero de 1822, entraron en esta ciudad el 21 del mismo mes, sin que los realistas opusieran la menor resistencia, pues, quien la gobernaba, Don Carlos Tolrá, salió hasta Girón para avistarse con los patriotas, y se regresó sabedor de la superioridad de las tropas invasoras.

Algún tiempo se dejó estar Sucre en Cuenca, organizando la administración pública, y concediendo descanso, paz y sueldos a sus tropas, antes no bien remuneradas.

El 12 de Abril partió hacia Riobamba, que fue capturada después de la acción de “Tapi”, en la que Ibarra y Lavalle desbarataron en pocos minutos la División del traidor López que defendía la ciudad.  

Cuando llegaron a Latacunga las fuerzas de Sucre, habían sido engrosadas por el batallón “Alto Magdalena”, que enviado por Bolívar, y casi aniquilado por las penalidades del camino de Naranjal a Cuenca, fue verdaderamente renovado y reconstruido con gente de esta tierra. Siguiendo su viaje hacia Quito, se hallaban en el valle de “Chillo” próximo a la capital, en donde se les incorporó Mires, que había fugado de prisión, en la que permaneciera recluido desde el desastre del segundo “Huachi”. En los días 21, 22 y 23 de Mayo, los patriotas provocaron a combate a los realistas, capturadas las posiciones de “Turubamba”, “Chillogallo” y el “Puengasí”, en las goteras mismas de Quito; mas, como los últimos no se resolvieran a librar combate, Sucre con su estrategia de militar y su cerebro de genio, dispuso para asegurar aún más el éxito, que los tercios libertadores avanzaran a las estribaciones de la enorme mole del Pichincha. Efectuóse este movimiento de lo más difícil y penoso, en la noche del 23 y la madrugada del 24 logrando coronar una de aquellas eminencias a las 8 de la mañana. Entonces disponía que el Ejército acampara, a fin de reparar con el descanso y con algún corto ágape sus fatigas y privaciones, cuando de improviso, el General Antonio morales dio la voz de alarma, pues los españoles percatados de la nueva situación de Sucre, que la reputaron peligrosísima para ellos, escalaban del otro lado de las faldas de la montaña con el objeto de atacarle sorpresivamente. Destacamentos del “Paya” y del “Trujillo”, que ocupaban las avanzadas, se encontraron con las fuerzas enemigas, y, casi cuerpo a cuerpo comenzó la lucha. El campo era demasiado estrecho para el combate, pero se hallaba empeñado y tenían que concluirlo.

El primer encuentro dura de nueve y media a diez de la mañana, hora en que faltan las municiones a los patriotas, pues el batallón “Albión” del Ejército Auxiliar Extranjero, que las conducía, no llegaban aún. En cuanto trataban de retirarse los destacamentos del “Paya”, del “Trujillo” y del “Yaguachi”, cuya tercera compañía había entrado a la batalla capitaneada por el Teniente Abdón Calderón que acababa de recibir una herida en un brazo derecho, cargan Mires y Morales por ambos flancos con el resto de los cuerpos primeramente nombrados; ,mas, de nuevo escasean las municiones y se retiran los patriotas, en tanto que el enemigo gana terreno, circunstancias en las que Calderón es herido por segunda vez, en su  brazo izquierdo sin por ello dejar de combatir briosamente.

Sucre, al ver el avance español, corre jinete en su fogoso bridón, hacia el flanco izquierdo, en donde se retira el Paya, le ordena un ataque a la bayoneta que magníficamente dirigido por Mires, logra repeler al enemigo en los instantes mismos en que llega el “Albión” con las  municiones. Repártense de ellas rápidamente las tropas y al terminar esta que pudiéramos llamar tercera etapa del combate, muéstrase Calderón con una nueva rosa de sangre en la pierna izquierda y, a pesar de eso, con todo el fervor de su alma grande entusiasma a sus valientes. Se arrecia nuevamente el fragor del combate; por todas partes ruedan los muertos y se arrastran los heridos. El mejor cuerpo español, el “Aragón”, a las órdenes de López, oculto entre los chaparros de la montaña va a flanquear el ala izquierda de los patriotas; lo ve Sucre y arroja todo el “Albión” sobre él. Mientras dura este choque, el insigne colombiano ordena al General José María Córdova, Jefe del “Alto Magdalena”, atacar decisivamente por el frente enemigo, reforzado por la División de Santa Cruz. No pueden resistir más los de Aymerich y se derrotan; unos con dirección a la ciudad, otros al Fuerte del Panecillo, la caballería de Toldrá hacia Pasto. Y la victoria sonreirá a los héroes de la Patria, cuando el sol meridiano quebraba sus rayos de fuego en la cúpula de nieve del Pichincha, extendiendo sobre la cumbre gloriosa el iris de la paz.

Ochocientos cadáveres yacían en las pendientes austeras: quinientos de parte de los realistas y trecientos de los patriotas. El niño Caderón, casi al finalizar la batalla, fue herido por cuarta vez en el único miembro sano que le quedaba, el muslo derecho. Fue uno de los grandes mártires de esta acción, pues el 29 de Mayo murió para la vida de la carne, aunque sigue viviendo en el pecho de cuantos merecimos la libertad a costa de su sangre guerrera, aunque sigue viviendo en el templo imperecedero de la Fama y de la Gloria; la vida de la inmortalidad.

 

He fatigado, señores, vuestra atención con mi pesado discurso. Dispensádmelo. Os he relatado rápidamente, la historia de la Magna Lucha, que tuvo por corona la épica jornada de Pichincha. Vosotros lo sabéis, y no necesitabais que se os la rememore; pero ¿Qué podemos hacer los hijos en el día de la Gran Madre, sino el recuento de sus glorias, la conmemoración de sus triunfos, la historia de su pasado heroico?                 

Ahora bien, ya que nos es grato el recuerdo de las hazañas de nuestra Patria, jurar debemos en sus aras sagradas, que levantaremos nuestro amor hacia ella, en la medida en que la mano de Dios, tres veces santo irguió las cimas de la Montaña excelsa, en donde libraremos no ya solamente las lides de la espada y la metralla, sino las incruentas batallas del progreso y de la idea. Hay tantas cumbres que reclaman victorias; escalémoslas, Compatriotas.

Luis Cordero Crespo      

Mayo de 1925  

lunes, 4 de noviembre de 2019

Biografía del Fray Vicente Solano, Cuenca de los Andes. ·Ecuador


Fr. Vicente Solano nació en esta provincia, por los años de 1771 á 72. Fue hijo legítimo de D. Tomás Solano y D.ª María Vargas Machuca, ambos de origen español. Después de aprender de su padre las primeras lecciones de Gramática, entró, á la edad de nueve años, en el noviciado que entonces había en el convento de San Francisco de esta ciudad, donde estudió Gramática y Filosofía bajo la dirección de los PP Calis y Segura. Tuvo por maestro de novicios al R. P. Fr. Mariano Váscones, y por condiscípulos, entre otros, á los célebres PP. Pazmiños, hijos de este lugar, uno de los cuales, Fr. Manuel, hizo en Lima una lúcida oposición á la cátedra de Filosofía del Convento máximo de aquella ciudad, del cual vino al de ésta, en donde murió á tiempo que dictaba un excelente curso de Lógica en el Colegio Seminario.

                La aplicación del P. Solano era tal, que no dejaba el libro de la mano, ni á las horas de comer; nunca se le veía en el claustro, ni fuera de él, porque todo el día lo pasaba en la Biblioteca del convento. Profesó en esta ciudad, después de concluido su curso de Filosofía, pasó, en 1809, á la Recoleta de San Diego de Quito, donde estudió Teología bajo la dirección de los RR. PP. Herrera y Sanz; y, concluído este estudio, se opuso á la cátedra de Filosofía, cuya enseñanza tuvo á su cargo, durante tres años, en el mismo convento de San Diego.

La vida que llevó en Quito fué semejante en todo á la que llevó en Cuenca. El estudio, la oración, el cumplimiento de sus deberes religiosos, eran su única ocupación, y no tenía más entretenimiento que pasear, de cuando en cuando, por los alrededores de Quito, dando muestras, desde entonces, de un espíritu sagaz y observador. Enemigo de la superficialidad, nada estudió por compendios, sino por obras que arrojasen suficiente luz sobre las materias que se proponía conocer á fondo.

Concluido el curso de Filosofía, le ordenó de Presbítero en 1814 ó 15 el Ilmo. Sr. D.r. D. José Cuero y Caicedo, y poco después regresó á su ciudad natal, sin poder satisfacer el vehemente deseo que tenia de ir á emplearse, cual otro religioso de su mismo nombre é instituto, san Francisco Solano, en la conversión de los infieles. El P. Solano no pidió con instancia, tanto á la autoridad eclesiástica como á la civil, que le expidieran el título de misionero, porque el instituto que había abrazado y su misma vocación lo llamaban á desempeñar el sublime ministerio del apostolado; pero los acontecimientos políticos de aquella época le impidieron llevar la luz del Evangelio á las remotas regiones del Oriente, donde hubiera prestado inmensos servicios á la religión, la patria y la ciencia.

No pudiendo ser misionero en Oriente, vino á serlo en Cuenca. Aquí pasó la mayor parte de su vida predicando con el celo y la unción de un Apóstol, y escribiendo con el nervio y la erudición de un distinguido apologista de la Religión. Sólo de tiempo en tiempo se retiraba á la hacienda La Papaya, situada en la provincia de Loja, provincia muy querida por el P.Solano, porque era el teatro de sus correrías científicas. Visitó también, á poco de haber llegado de Quito, la histórica Cajamarca, de donde era cura un hermano suyo, el Dr. Miguel Solano.

Pobre, obediente, y casto; desinteresado, caritativo y abnegado, el P. Solano fue el verdadero discípulo del Serafín de Asís. Enemigo de los honores, de los empleos y de las dignidades, no aceptó, sinó por poco tiempo en 1826, el cargo de Guardian del convento de esta ciudad. Posteriormente fue nombrado varias veces Provincial de su Orden, y últimamente Obispo auxiliar del Ilmo. Sr. Plaza; pero nunca se resolvió á admitir esos destinos, porque, si él tenía ambición, no era de honores ni de mando, sinó de ser útil á la religión y á la patria, consagrándose al estudio de las ciencias sagradas y profanas.

En 1858 decía en el n.º 34 de La Escoba, correspondiente al 3 de Febrero, hablando de su obispado: _ <”Cuando la Asamblea de Guayaquil se dignó honrarme con el nombramiento de Obispo auxiliar del Ilmo. Sr. Plaza, renuncié, como era debido. Dicho señor Obispo me instó para que no diera este paso, ofreciéndome la mitad de su renta, á fin de que le ayudara en su ministerio pastoral. Muchos amigos míos fueron del mismo parecer, haciéndome ofertas muy lisonjeras. Nada pudo resolverme á la admisión de un cargo que he mirado siempre con terror. Así es que renunciaría mil veces, si otras tantas se me propusiera.

¿Por qué? Me dirán algunos. Si yo les digo que me juzgo indigno de tan alto ministerio, tal vez replicarán que eso es llevar la humildad hasta la Coquetería, como decía Fontenelle, hablando de las demostraciones que hizo Fenelón cuando fue censurada su obra de las Máximas de los Santos. Por tanto, dejo esta causal, que para mí es muy poderosa, porque para conocerme no necesito ser humilde: bástame ser racional.

            No sería fácil dejar mi método de vida, para entregarme al laberinto de negocios de un obispado, y me sucedería lo que al sabia Huet que, habiendo sido hecho Obispo contra su gusto, se encerraba en su biblioteca y ponía un familiar en la puerta. A éste le preguntaban los que querían ver al Obispo: _ ¿Podemos ver á su ilustrísima?_ >Está estudiando respondía el portero.> Esta fórmula se usaba casi todos los días, hasta que uno, lleno de incomodidad, le contestó: <Nosotros queremos un Obispo que haya estudiado, y no que ahora venga á estar estudiando.>
El amor a las ciencias es incompatible con los negocios, tanto temporales como espirituales, cuando son impuestos por obligación: yo podría citar muchos ejemplos tomados de la historia, á más de lo que sucedía al sabio obispo Avranches. En los tiempos calamitosos, se aumenta mucho más la aversión á las dignidades y empleos, en los hombres dedicados á la cultura de las ciencias”.>

La intriga, la doblez, la falsía, eran incompatibles con el carácter grave y austero del sabio franciscano, enemigo de la lisonja, de la adulación y de la mentira; vicios propios de esos seres miserables que no conocen el valor de la dignidad humana, ni la importancia de la santa libertad cristiana.

Accesible á toda clase de personas, el rico y el pobre, el sabio y el ignorante, el noble y el plebeyo, hallaban en él cuanto buscaban: luz para su inteligencia, paz para su corazón, tranquilidad para su conciencia. La conversación del P. Solano era variada, amena é instructiva, como sus escritos. Sencillo y natural, nunca hacia alarde de su saber; el hombre instruido, lo mismo que el rústico campesino, podían acercársele con la seguridad de no verse humillados por el orgullo y vanidad que suelen tener los sabios, cuando su ciencia no está apoyada en el santo temor de Dios.

Causa admiración que un religioso franciscano, que había pasado casi toda su vida en un país donde, hasta 1818, no se enseñaba más que latín y algo de Teología moral, y donde, por lo mismo, era muy difícil instruirse, se hubiese proporcionado obras que le suministrasen profundos y variados conocimientos en los más importantes ramos del saber; conocimientos  que ninguno, á lo menos que nosotros sepamos, ha tenido en el Ecuador.

Mientras defensores de la Religión, _decía en la contestación que dio a la Censura que el Sr. Araujo hizo del Opúsculo sobre predestinación,_ no reunan la bella literatura y las ciencias naturales á la Teología, es tiempo perdido el que se emplee en escribir fárragos para persuadir á los incrédulos> Y cabalmente esto fué lo que el P.Solano ejecutó al pie de la letra. Él conocía la lengua y literatura latinas, lo mismo que la lengua y literatura castellanas, como conocía también la francesa é italiana; escribía en el idioma de Cicerón con la misma precisión y propiedad que en el de Cervantes; había hecho un estudio detenido y concienzudo de la historia natural; el derecho público, en sus diversos ramos, no le era desconocido; y en cuanto á las ciencias eclesiásticas, sus conocimientos eran tan profundos, que bien podríamos llamarle el teólogo del Ecuador.

                No es de extrañar que, con estudios tan varios, con talento claro y penetrante, temperamento fogoso, imaginación viva y ardiente, el P. solano fuese un rival temible en las luchas literarias. Infatigable para la polémica, pronto en la réplica, fecundo en la argumentación, invencible por su lógica severa, conciso y claro en su estilo, satírico y picante á veces, el autor en quien nos ocupamos, era considerado, generalmente, como un formidable atleta en el palenque literario. Midió sus fuerzas con los primeros escritores de su patria y con escritores extranjeros tan afamados como D. Antonio José Irisarri; y nunca fué vencido por ellos.

 Todos los que conocieron el distinguido mérito del P. Solano le tributaron el honor que los pueblos cultos y los hombres ilustrados ofrecen siempre á la virtud y al saber. Monseñor Cayetano, conde Baluffi, primer Delegado Apostólico en Nueva-Granada, y posteriormente Cardenal, sostuvo una larga correspondencia con el P. Solano, cuyo talento reconocía y admiraba (1). El sr. Luna Pizarro, arzobispo de Lima, tan célebre en la historia política y eclesiástica  de la república del Perú, le invitó para que no se trasladara á aquella ciudad, á fin de ocuparle en la defensa de la religión y en la predicación, ofreciéndole una cuantiosa renta; pero el humilde franciscano prefirió la obscuridad de su celda al brillo y esplendor de una Corte como Lima. Otro eclesiástico, aun más distinguido, el Dr. Doctor José Ignacio Moreno, sabio autor de las Cartas Peruanas, Arcediano de la misma Catedral, tuvo una alta idea del P. Solano, á quien reputaba una de las glorias del sacerdocio americano.

Pero no sólo los teólogos y canonistas reconocían el saber de nuestro teólogo y canonista: también los literatos tributaban homenaje al claro mérito de nuestro literato. Los Sres. Juan María Gutiérrez y Rufino Cuervo, argentino el primero y colombiano el segundo, muy conocidos ambos en la república literaria, fueron por algún tiempo corresponsales del P. Solano, y en su correspondencia, que sentimos no poder reproducir, se encuentran rasgos que honran sobre manera al literato del Azuay. El Dr. Dr. José María Torres Caicedo, antiguo redactor de El Correo de Ultramar, escritor muy popular, tanto en Europa como en América, llamó al P. Solano “hombre eminente por su talento, ilustración y virtudes” Igual elogio le han hecho en Chile, donde han reproducido algunos de sus escritos; y el poeta ecuatoriano, Sr. D. Juan León Mera, le dedicó una de sus más hermosas poesías.




  (1).- Hé aquí, entre otras, dos cartas de aquel sabio Prelado

__ <R.P.Fray Vicente Solano.- Imola, 20 de Enero de 1847. _Muy estimado Padre y de mi mayor aprecio: Su carta de 8 de Junio del año pasado de 1846., llegó á mis manos cerca de la Pascua de Navidad, es decir, cuando después de haber sido destinado por el Padre Santo para Obispo de Imola, como su inmediato sucesor en esta Silla, me llegaba de Roma el aviso de que me había nombrado Cardenal de la Santa Iglesia. Si V. supiese las atenciones que tienen los Cardenales en la época de su promoción, estoy cierto que no extrañaría que no le haya contestado hasta ahora: mas, ahora que tengo promoción para cumplir con ese deber, no dejo de hacerlo, dándole las más expresivas gracias por la obra intitulada Máximas, Sentencias, etc., que V. se sirvió dedicarme. La leí con inmenso placer, quedando muy satisfecho de los bellos pensamientos de que está llena, y del magnífico estilo, propio de todas sus producciones, que en la literatura española tendrán siempre muy distinguido lugar. Me complazco también de que sus trabajos sean siempre dirigidos al sostén de los buenos principios y al servicio de Dios y de su Santa Iglesia. Mucho desearía otro ejemplar de las Máximas, etc., y por eso le suplico que lo remita al Ilmo. Sr. Garaicoa obispo de Guayaquil, presentándole mis respetos, y rogándole, en mi nombre, que aproveche de algún buque que de aquel puerto salga para Génova, de donde por el correo pueda enviármelo acá, á Imola._ Las noticias que usted me ha comunicado con respecto á ese país, las he agradecido mucho, y mis opiniones sobre los puntos que toca están muy acordes con las de usted. – Le apreciaré mucho que V. se sirva saludar de mi parte al Ilustrísimo Carrión cuando le escriba. Yo aprecio mucho á ese hombre, por su firmeza de carácter y por las demás prendas que lo recomiendan. _Si una ú otra vez tuviese la bondad de darme noticias del Ecuador y demás Repúblicas de América, se lo estimaré. _Quedo de V. muy afecto amigo y S. S._ Cayetano , Cardenal Baluffi, Arzobispo de Imola>




<<Muy R. P. Fray Vicente Solano._ Imola, Enero22 de 1848. – Querido amigo: Recibí su carta muy apreciable de 8 de Septiembre del año pasado con el cuaderno de Máximas y el otro sobre Jesuitas, como también la carta que le escribió al señor Presidente  Roca; me complazco por los buenos sentimientos de éste, pues podemos esperar que cumpla con sus deberes con respecto á la Religión, y su influjo puede ciertamente producir un bien duradero en esa República, sin embargo de que hay mucho que temer por los esfuerzos que el infierno hace en todas partes. Muy bien se condujo usted escribiendo algo en defensa de los Jesuitas, ó más bien, parece que Dios nuestro Señor le inspiró eso para que los americanos tengan un preservativo contra los libros que en Francia é Italia los combaten. _ La guerra que se les ha declarado, especialmente en Italia, es quizás más atroz que la que tuvieron que sostener en el siglo pasado. Un sacerdote de ingenio superior y perteneciente al Claro piamontés, aunque se halla ahora en París, Vicente Gioberti, escribió seis volúmenes, en donde, aunque repita lo que se ha dicho y confutado mil veces, por el atractivo de su estilo, y especialmente por un carácter de novedad que se halla en aquella obra, cuyo título es El Jesuita moderno, y, sobre todo, porque halaga las pasiones del día, es leída de todos, y es causa de una espantosa é injustísima persecución contra aquella Orden, que tanto mereció por sus constantes servicios á la Iglesia._ Agradezco en mi corazón los parabienes por mi ascenso á la púrpura, y los agradezco mucho más por venir de una persona como V. á quién aprecio y estimo infinito._  Le estimaré que V., de cuando en cuando, se sirva imponerme del curso que tomen los negocios religiosos y políticos de ésa y de las demás Repúblicas de América, pues la memoria de los países de mi antigua Legación apostólica está grabada en mi alma, y el interés que tengo por ellos es inmenso._ Mande V. como guste á su apreciador y verdadero amigo._ Cayetano, Cardenal Baluffi. >>_





jueves, 17 de octubre de 2019

DECRETO DE LA ESCOBA {1}



NOS La Escoba, camarera mayor de los Papas, de los Emperadores, de los Reyes y de todos los grandes y pequeños de la tierra, etc. Etc. _Considerando que es de nuestra obligación barrer al mundo de toda inmundicia física, moral y política, por cuanto Dios nos crió para este objeto desde el momento en que Eva comió la manzana y ensució el mundo; y considerando también:

1º- Que aunque nos propusimos barrer a todos los tontos, conviene conservar algunos, por ser animales muy útiles en la sociedad, haciéndolos servir según las necesidades y capacidades de ellos.
2º- Que habiendo muchos libros, cuya utilidad con f casi nadie la percibe.;
3º- Que todo el mundo se halla con el scribendi caccetes de Juvenal, o prurito de escribir; por el cual han de publicar una necrología o negrologia;
4º- Que todos quieren reformar y no ser reformados.

Hemos venido en decretar, y decretamos lo siguiente

Art. 1º. Algunos tontos podrán libremente escribir contra el diezmo, porque siendo su abolición un perjuicio notable al Estado, que participa de una porción considerable, sólo pueden atacar la renta decimal los tontos y bisoños en materia de hacienda. Así que, tales enemigos pueden divertirnos, y no causan perjuicio alguno.

Art. 2º. Se conservarán en las poesías del Dr. J.J. Olmedo las epístolas de Alejandro Pope, traducidas del inglés en verso castellano por dicho Doctor, por cuanto nos gusta el deísmo de Pope. También en la obra intitulada: Lecciones de política, por el Dr. Luis Fernando Vivero, se conservará el capítulo 11º., lecciones 1ª. Y 2ª., por contener principios muy buenos a favor de la fe, y por esta razón no se mudará el título de Lecciones de Política en Lecciones de impolítica. Igualmente ordenamos que los que padecieren de insomnios lean la obra del Dr. Francisco de Paula Vigil, por ser  un excelente soporífero; cuidando, sí, de no leer más que tres o cuatro hojas para conciliar el sueño; porque, de otra suerte, el exceso de este narcótico causaría la perdida de la vida.
Art 3º. Todo el que perdiere su padre, madre, hijos, parientes, amigos, sirvientes, etc.etc., está obligado, dentro del término perentorio de veinticuatro o treinta horas, a escribir un elogio de los finados. En él habrá hipérboles, mentiras, y un estilo hinchado. 
Y {…} 


(1)     Periodico que redactó el Padre Solano de 1854 a 1858 (N. de los EE)

domingo, 13 de octubre de 2019

MAXIMAS, SENTENCIAS Y PENSAMIENTOS. {T-U-V-W-Z}


{T}

Tiempo.- El tiempo y la eternidad son dos círculos concéntricos que abrazan el mundo visible y el invisible.

   Menos malo es disipar el dinero que el tiempo.


Tirano.- El tirano es el fruto de la abyección de un pueblo.

Una nación abatida, cuando quiere deshacerse de un tirano, crea otros.

Tontos.- Los tontos son necesarios en la sociedad, como las sombras para la perfección de un cuadro.

Traidores.- Los traidores son como los niños, que se asustan cuando los sorprenden en alguna travesura; pero nunca se enmiendan.

Tribunos.- Los tribunos romanos eran despreciables y contenían los excesos de la aristocracia y del Senado, porque se apoyaban en el pueblo. Los tribunos americanos se apoyan en la prensa, y el pueblo los conoce y los desprecia. De aquí resulta que algunas veces atacan la aristocracia, y otras la lisonjean. Quieren extinguir la clase privilegiada de los militares y se valen de ellos para una revolución o para tener empleos.


{U}


Universidad.-  Si quieres graduarte, dice un escritor, no te faltará universidad silvestre en que te digan: accipiamus pecuniam et mittamus asinum in patriam suam. Las universidades silvestres causan más daño a la literatura y a las ciencias que los bárbaros del Norte cuando declararon la guerra contra ellas en las provincias meridionales de la Europa.

   Se venden grados en algunas Universidades como se hace con los efectos en un mercado; con esta diferencia: que el vendedor de grados es un ridículo y los otros no lo son.


{V}


Valor.- El valor es una virtud que no teme el peligro sino cuando está remoto.

Vasallo.- El vasallo es infatuado; el ciudadano es loco; el hombre religioso es cuerdo. El primero tiene puesta su esperanza en el palacio; el segundo en el pueblo, y el tercero en el cielo.

Vejez.- El mayor castigo de los vicios de la juventud es la vejez, y el premio más grande de la virtud de la juventud es la vejez. ¿Y puede haber hombre más respetable que un anciano virtuoso? Este, por su sabiduría, es un oráculo, la imagen de la eternidad de Dios. Antiquus dierum . . . capilli capitis ejus quasilana munda. (Dan).

Vengativo.- No hay espectáculo más bello para el vengativo, que el enemigo muerto.

Verdad.- Si la verdad fuera vestida, todos la desnudarían para verla; pero siendo ella desnuda, cada uno quiere vestirla a su gusto.

    Tertuliano decía que la verdad se hallaba siempre entre dos ladrones, aludiendo al suceso del Calvario. ¿El Ecuador será la verdad entre la Nueva Granada y el Perú, que tienen usurpado el territorio por el Norte y por el Sur?

Vicio.- Jamás quiere el vicio presentarse con su propio ropaje,, sino con el de la virtud. Las costuras, el corte, el color de estos ropajes son los mismos; pero la materia es distinta. De aquí resulta que los que saben discernirla  no se dejan engañar de la apariencia.

Vida.- La vida no es otra  cosa que un apoyo para saltar de la cuna al lecho de muerte.

   La vida no es más que una escuela en que aprende el hombre su miseria: la ultima lección es la miseria.

¿Por qué se ama tanto la vida? Porque le es prohibido al hombre existir eternamente en este mundo. 

Si estuviese condenado a vivir para siempre, sus deseos serían al contrario.

La vida es como la moneda, que circula entre todos; pero que pocos la emplean bien.

Virginidad.- La virginidad es una con dos respectos: virginidad solitaria y virginidad social o matrimonial. La primera representa la unidad de Dios; la segunda la Trinidad de personas: padre, madre, hijo. La iglesia prefiere la virginidad solitaria porque, prescindiendo de otras razones, lo primero que es la unidad de Dios: credo in unum Deum . . . Jesucristo, enseñando la forma del bautismo antepuso la unidad de Dios a la Trinidad: baptizantes eos in nomine . . . La unidad de Dios ha sido conocida de todos los pueblos de la tierra antes de la Trinidad: es el atributo más sencillo, y por consiguiente el más acomodado a la capacidad del hombre. La naturaleza misma tiende a la unidad: todo es uno en su línea; muchos en numero, y una sola cosa con relación al sistema de la naturaleza. Es, pues, la virginidad solitaria el símbolo de la unidad de Dios, y de la unidad de la naturaleza.

Virtud.- La virtud es el antídoto contra el veneno de la mala fortuna.

  Las virtudes son la escala por la cual se sube al cielo, como la que vio Jacob. Nadie sube una escala sin agobiarse; así el hombre va por la escala de las virtudes, agobiado con el peso de las tribulaciones.

Una virtud no repara todos los daños causados a ella por el vicio opuesto a ella.

   El vicio comienza deleitando, y al fin molesta; la virtud molesta al principio y al fin deleita. El hombre prefiere el deleite presente al futuro: véase por qué el vicio tiene más secuases que la virtud. 

¿Y qué es lo que suple la falta de deleite, cuando se comienza a practicar la virtud? El premio. Luego una sociedad en que no se premia la virtud, o se premia el vicio, carece del único resorte que hace a los hombres virtuosos.

¿Tienes virtudes? –Procura ocultarlas. La virtud se evapora en la publicidad, como un licor espirituoso en el aire. Por esto decía un filósofo de la antigüedad: “Jamás he vuelto a mi casa conforme salí de ella”-.

La virtud pobre vive en el santuario; la virtud con dinero en el mundo.

Voltaire.- Voltaire miraba la religión como el templo de Salomón y las pirámides de Egispto. Llamaba iglesia de aldea al templo de Salomón; y a los egipcios pobres albañiles.


{W}


Washington.- Washington habría sido menos célebre, si hubiese libertado su patria en este siglo. Toso su mérito consiste en haber ejecutado con prontitud lo que en ambos hemisferios proyectaban los sabios.


{Z}


Zelo.- No hay cosa que pida más discreción que el zelo. Los padres a sus hijas y los maridos a sus mujeres, no deben dar a entender el por qué de su zelo. Obrar de otro modo es incitar el objeto de que se quiere apartar.

    Los literatos son más zelosos de su ingenio que las mujeres de su hermosura.

Dedicado a Karen Torres por su amable paciencia, presencia y su fiel atención. 

fray vicente solano: MAXIMAS, SENTENCIAS Y PENSAMIENTOS: {q-r-s}


{Q}

Quimeras.- Tres quimeras hay en el mundo, que miran como posibles los atolondrados y politicastros: una sociedad sin religión, una religión sin sacerdocio, y un sacerdocio sin privilegio.

{R}

R.- Nadie quiere pronunciar larga la R.

Razón.- La razón y la fe son inseparables. Dios ha dado la razón para conocer la fe; y la fe para dirigir la razón. De ambas se puede decir lo que Jesucristo dijo del matrimonio: Quod Deus conjunxit homo non separet.

   Solamente dos hombres tienen razón: tú, y el que piensa como tú; los demás deliran.

Reformadores.- Santo Domingo y San Francisco fueron reformadores del siglo XIII; y no fueron rivales. ¿Por qué Lutero y Calvino, reformadores(según ellos lo decían) del siglo XVI, Voltaire y Rousseau del siglo XVIII, fueron rivales encarnizados?

Religión.- En materia de religión cada uno quiere seguir su parecer, como se arregla por su reloj para medir el tiempo. La opinión es el reloj de las doctrinas.

  Los que hablan de religión, fundados sólo en su ingenio, sin contar con el auxilio de la gracia, yerran o exponen a errar. De aquí vemos que unas veces hablan bien y otras mal, según las circunstancias. En una palabra: la religión en el hombre es como una planta, que no prospera si no recibe la luz del cielo, aunque el terreno sea feraz.

   Hay muchos discursos a favor de la religión, pero ninguno me parece comparable a este hermoso verso de Corneille, que contiene, en pocas palabras, cuanto se puede decir sobre el espíritu, la fuerza, la divinidad, la dulzura, la paz. . . de la religión:

    Elle n´en veut q´aux dieux, et non pas aux mortels.
      (POLYEUCTE, act. 1º, esc. 3ª).

Una religión que arrostra a los dioses y no a los débiles mortales ¡ah! ¡qué idea tan sublime! Una religión que derrota a los dioses y protege a los hombres: ¿ha inventado jamás la imaginación del mejor poeta de la antigüedad? Una religión que persigue el error y no al que yerra, ¿puede ser más natural al hombre, ni más digna de ser deseada y protegida? El infierno, la política de Roma, la filosofía de Atenas, la ferocidad más que brutal de las naciones bárbaras, el error convertido en divinidad - … véanse los dioses, estos colosos formidables, que con un soplo, con la palabra, ha pulverizado la Religión.


La religión tiene muchos defensores; pero pocos amadores.

Dos cosas no se pueden encontrar fuera de la religión revelada: salvación y poesía.

Repúplica.- Una república rica es una dama que está en vísperas de contraer matrimonio con un monarca.

   En los congresos de las repúblicas americanas entran muchos diputados con tufos de grandes patriotas; y luego, por sus moras particulares, se abaten en el lugar que ocupan, como aquellos diablos grandes de Milton, que por estar con más comodidad en el parlamento del infierno, se trasformaron en pigmeos.

  La república colombiana era una obra de perspectiva, que de lejos parece una piedra preciosa por su brillo; pero de cerca vale muy poco.

Revolución.- Hay ciertos hombres que en las revoluciones atraen la atención, como aquellos cuerpos arrebatados por las inundaciones; los cuales, sin estas circunstancias, nada tienen de particular.

   De todas las revoluciones de nuestra América, una sola ha sido popular: la de la Independencia. Las demás han traído su origen de los cuarteles o de tribunos imperitos.

Reyes.- El rico y el pobre piensan siempre ensanchar sus posesiones. Los unos con guerras, y los otros con pleitos.

Rico.- El rico y el pobre no tienen más que dos objetos visibles. El rico no ve sino su dinero, y el pobre su necesidad.

Ridículo.- Lo ridículo hace parte de la especie humana, como lo animal y racional; y aquél es más ridículo, que piensa no serlo.

Robo.- Todos roban: unos la literatura, otros la ciencia, la hacienda . . . pero el ladrón más temible es el que roba la fama.

{S}

Sabios.- Cuando algunos sabios hablan disparates con magisterio, no se da  el nombre de charlatanería, que suena a desprecio, sino el de teorías, sistemas, opiniones; así como el pirata que reprendía los robos de Alejandro, no decía que se llamaban robos, sino conquistas.

Es más temible un tonto sabio que un tonto ignorante. El primero es peligroso; y el segundo, impertinente.

    Hacer sabios a todos y libres a todas las naciones, son dos problemas insolubles, como la cuadratura del circulo y el movimiento perpetuo.

Los literatos y los sabios no pueden prescindir de dos compañeras inseparables: la gloria y la envidia. Este es un efecto permisivo de la Providencia. Si todo fuera envidia, morirían de tristeza. El amor propio es capaz de conducirlos a estos extremos.

  La sabiduría no se encuentra en las academias y en las bibliotecas, sino en la rectitud de corazón.

Sacerdote.- El sacerdote es un poder colocado entre los jefes de las naciones y el pueblo. Se acerca a los grandes por su augusto carácter, y pertenece al pueblo por su humildad.

Séneca.- Séneca era filósofo tocado del spleen; y por tanto nos dejó los siguientes versos, en su tragedia intitulada Troas (Las Troyanas), act. 4º.

                               Dulce maerenti populus dolentum
                               Dulce lamentis resonare gentes.

Al triste le es dulce
Vivir en un pueblo,
Rodeado de penas,
De dolientes lleno

Escucha gustoso, 
tranquilo y sereno, 
de gentes que exhalan suspiros, lamentos,.

Si Séneca hubiese vivido en este tiempo y en el Ecuador, sin duda habría estado como en su centro, disfrutando de tantos dolores y angustias que experimentamos; porque verdaderamente en la época actual, nuestra pobre patria es el populus dolentum del filosofo español. Sin embargo, no habría dejado de reírse algunas veces, asistiendo a las graciosas comedias políticas que se representan entre nosotros.

Silencio.- El que se retira de los hombres, no es por olvidarse de ellos, sino por acordarse mejor: el silencio habla con más elocuencia de las necesidades humanas que el trato y la familiaridad. El retiro es espejo en que se ve todo el mundo moral.

Sistemas.- Los sistemas filosóficos son como los fuegos artificiales que brillan, divierten, y al fin dejan a oscuras.

Sociedad.- Las sociedades políticas son como los frutos, que crecen, maduran y caen, y en este estado cualquiera se aprovecha de ellos. Si los estados Unidos no hubiesen tenido a Washington, no habría faltado otro que derribase el dominio ingles. Si Cromwel . . . . Si César . . . . Si Napoleón . . . .

     En la sociedad humana, lo político, lo moral y lo físico, son distintos, pero inseparables. Lo primero, mira al buen gobierno; lo segundo, a las costumbres y a la religión; y lo tercero, al comercio, a la agricultura, a las artes, etc. De aquí se sigue que una nación sin política es bárbara; sin costumbres y sin religión, es brutal; y sin agricultura y comercio, es salvaje.

Soldados.- El choque entre jurisconsultos y soldados es antiquísimo. Cicerón decía: 

                               Cedant arma togae, concedant laurea linguae.
   Las armas deben ceder a los magistrados sólo: sometanse los laureles a la elocuencia del foro.

Cuando los abogados y soldados degeneran, producen dos males terribles en la sociedad. El abuso de las leyes por los abogados es causa de la anarquía; y del atropellamiento de las leyes por los soldados resulta el despotismo.

Superstición.- Sin duda la superstición es mala; pero algunas veces puede ser peor no tenerla. El supersticioso no pierde los sentimientos de religión; el que ataca la superstición no por orgullo camina al ateísmo. Es más fácil la conversión del primero que la del segundo.