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domingo, 12 de abril de 2015

Sobre Cuenca...

BENJAMIN CARRION




Uno de los más altos y preclaros valores de la cultura ecuatoriana. Mecenas de los jóvenes exponentes de la cultura, fue un promocionador extraordinario de la vida intelectual. Fue alma y nervio de la Casa de la Cultura, de la que fue su forjador. Con Juan Montalvo, Remigio Crespo Toral y José Joaquín de Olmedo; Benjamín Carrión, está entre los puntales de la cultura ecuatoriana, habiendo tenido su obra y su personalidad renombre continental.


“Cuenca! Tierra en la que se dan los más nobles frutos: la inteligencia, los sauces, la poesía, las frutas. Trigo, manzana y uva, material para las transubstanciaciones esenciales, para que la madre tierra, hecha por las manos de Dios, se convierta nuevamente, en el cuerpo y sangre de Dios: Cuenca.

El Capitán hispano, de hierro el alma y el vestido, la vio amable y fecunda, asiento digno de una estirpe de hombres grandes y buenos, notables y poetas. Y se acordó de Cuenca, la lejana, la antañona y castiza – la de España-, para bautizar a la villa recién nacida, en intención y amor.

Y allí los hombre que fueron naciendo, “creciendo y multiplicándose”, según el precepto bíblico, sintieron el mandato del aire, del sol y de los ríos; pensar, amar, cantar, ¿Qué más podía hacerse, cuando las auroras eran tan bellas y el sol lanzaba sus dardos de fuego tibio sobre la llanura?. Los sauces y los capulíes, a crecer, a verdear, a fructificar en mieles. Las flores, a colorear y a perfumar. ¿Y los hombres? pues, a cantar. Cantos hímnicos a la tierra, a la patria; cantos dulces, a la tierra maternal, a la amada, a los hijos; cantos tristes al crespúsculo vespertino, a la noche, a las flores que mueren, a la muerte…

Y así los días, los meses y los años. Uno, dos, tres… cuatrocientos!… Bendición de las ciudades, como Cuenca, que envejecen en resurrección, que adquieren solera, como los vinos buenos, haciéndose más fuertes, más llenas de espíritu, más fortalecidas de esperanza. Porque esta Cuenca de hoy, joven abuela de cuatrocientos años, no nos está contando solamente su pasado, en mármoles y hierros. No está, principalmente, diciéndonos el sueño de su gran futuro, su proyecto de ciudad populosa y fecunda que ha demostrado, en cuatrocientos años, su capacidad vital en hombres y naturaleza. Su indeclinable voluntad de vivir en progreso espiritual y material.
La CASA DE LA CULTURA ECUATORIANA siente el día de Cuenca como un día mayor de la cultura patria. A lo largo de esos cuatro siglos, en la ciudad recoleta y activa al propio tiempo, se ha estado escribiendo un capitulo cimero de la cultura nacional. Escribiéndole en las estrofas magníficas de sus poetas, en los períodos numerosos de sus prosadores, en la meditación profunda de sus pensadores, en la investigación de sus sabios, en la polémica ardua y terrible de sus panfletarios. En la época colonial, en la republicana, en la actual, el signo de Cuenca, la marca de su escudo espiritual, ha sido la fecundidad profunda, el ascendramiento y la purificación. Solano, Malo, Cueva en el trinomio excelso cantado por Cordero. Y luego, el propio Don Luis, por su obra admirable y la de sus descendientes hasta hoy. Y ahora, que son Legión, en el sentido quemante de lo arcangélico, por el poder de elevación y vuelo.

Pero el capítulo esencial de la cultura, lo ha escrito también Cuenca con la habilidad manual de sus gentes, en el manejo del oro y la plata, damasquinados como en Toledo. Del alabastro y el mármol para la estatua eternizadora. De los tejidos para la policromía de sus vestidos campesinos. Y de la paja toquilla, que dio sustento al pueblo más laborioso de la patria, pero que ahora, víctima de las transitorias modas internacionales, está en melancólico descenso de su productividad. Y en el tenaz y arduo cultivo de la tierra.


Un día doce de Abril, hace cuatrocientos años, por mandato del Virrey Hurtado de Mendoza, Don Gil Ramírez Dávalos, sentaba los cimientos jurídicos y efectivos de la hoy ciudad de Cuenca, Santa Ana de los Ríos, orgullo de la Patria. En un valle fecundo, con luz esplendorosa, de clima templado como para que el hombre sienta júbilo de vivir. Y con ríos, con muchos ríos, verdeando todo lo largo y lo ancho del delicioso valle. Y con canteras de mármoles cercanas para la talle de sus templos, y elementos de dulzura adecuados para las flores, las frutas y los versos. Y elementos de belleza propios para producir la flor maravillosa: la mujer.”




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CARLOS MARIA DE LA TORRE



Preclaro sacerdote ecuatoriano, obispo de Loja y Arzobispo de Quito; que por sus méritos y virtudes fue elevado a la dignidad de Cardenal de la Iglesia, su opinión sobre Cuenca es la siguiente:


“A la ínclita ciudad de Cuenca, cuna de peregrinos ingenios que con los rayos de sus talento y saber han alumbrado hasta los más apartados rincones del Ecuador; a la gloriosa Cuenca, madre fecunda de estadistas sabios, de hábiles artistas, de atildados prosadores y sobre todo de tiernos e inspirados vates que con los dulces y armoniosos acordes de su lira de oro han cantado en estrofas inmortales ora las bellezas y encantos de nuestro privilegiado suelo, ora las catástrofes y glorias de la patria y a las magnificencias y beneficios de la religión y a la infinita grandeza y adorables atributos de Dios; a la católica Cuenca, en cuya frente ha rutilado siempre sin nubes el esplendente sol de la fé, en cuyo pecho ha ardido con viva llama el sagrado fuego de la caridad y cuyo robusto brazo, no obstante los furiosos huracanes contra él desencadenados ha mantenido siempre enhiesto y erguido el estandarte de la religión; a la heroica, gloriosa, ínclita y católica Cuenca, con respeto profundo, con rendida admiración, con entrañable afecto y simpatía, saludo, felicito y deseo nueva e inmortal era de paz, de gloria, de engrandecimiento, de ventura. ”



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CARLOS MARIA DE LA TORRE


Preclaro sacerdote ecuatoriano, obispo de Loja y Arzobispo de Quito; que por sus méritos y virtudes fue elevado a la dignidad de Cardenal de la Iglesia, Su opinión sobre Cuenca es la siguiente:



“A la ínclita ciudad de Cuenca, cuna de peregrinos ingenios que con los rayos de su talento y saber han alumbrado hasta los más apartados rincones del Ecuador; a la gloriosa Cuenca, madre fecunda de estadistas sabios, de hábiles artistas, de atildados prosadores y sobre todo de tiernos e inspirados vates que con los dulces y armoniosos acordes de su lira de oro han cantado en estrofas enmortales ora las bellezas y encantos de nuestro privilegiado suele, ora las catástrofes y glorias de la patria y a las magnificencias y beneficios de la religión y a la infinita grandeza y adorables atributos de Dios: a la católica Cuenca, en cuya frente ha rutilado siempre sin nubes el esplendente sol de la fé, en cuyo pecho ha ardido con viva llama el sagrado fuego de la caridad y cuyo robusto brazo, no obstante los furiosos huracanes contra él desencadenados ha mantenido siempre enhiesto y erguido el estandarte de la religión; a la heroica, gloriosa, ínclita y católica Cuenca, con respeto profundo, con rendida admiración, con entrañable afecto y simpatía, saludo, felicito y deseo nueva e inmortal era de paz, de gloria, de engrandecimiento, de ventura.”




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ENRIQUE ARROYO DELGADO


Diplomático ecuatoriano de amplia experiencia y reconocido prestigio. Ministro de Gobierno y de Educación, ha cumplido importantes y delicadas funciones representando al país. Sobre Cuenca dice:


“…. Y le orlo con un marco magnifico que tendrá las transparencias del crsital y las suaves armonías del agua pasajera; como para que Santa Ana de los Ríos de cuenca, fuese cuna propicia para todas las delicadezas del espíritu y todas las sonoridades del idioma materno.
Y complacido de su obra Dios la bendijo, llenó en su fructífera existencia las páginas de nuestra historia internacional y política, de nuestro parlamento de nuestra literatura, dándole al Ecuador una pléyade de hombres superiores.”


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EDUARDO SALAZAR GOMEZ

Destacado valor político, internacionalista de reconocido prestigio, escritor de valiosos libros y brillantes ensayos, dice sobre Cuenca:
“A esta noble y erudita, a esta Cuenca que por el desarrollo de su intelecto ya individual, ya colectivo, brilla en el campo de la avanzada ecuatoriana vaya tributo de admiración y reverencia.
Que siga su destino cultural, con la antorcha del progreso en la mano como modelo de capacidad cerebral y oasis del espíritu.
Para Cuenca mi devoción y el himno de sinceridad y de lealtad que para ella emana mi Incensario.”



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JULIO E. MORENO


Sociólogo distinguido que en este campo ha dejado obra de notable mérito. Representando al liberalismo, que le tenía entre sus más altos exponentes, tuvo notable figuración política habiendo por poco tiempo encargándose de la Jefatura de Estado.


AMOR A LA TRADICION.-     “La Patria es, ante todo, una historia conocida y amada en común y el civismo consiste, especialmente, en saber arrancar de las tradiciones alientos de perpetuidad. Por eso, he considerado siempre que los pueblos azuayos son modelo y ejemplo en la formación del sentimiento de amor a la Patria: tienen la pasión de sus tradiciones y el culto de sus grandes hombres.”



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GENERAL ANGEL ISAAC CHIRIBOGA


Es figura que destaca no sólo en la carrera militar  sino también como atinado diplomático e historiador de reconocido merito, teniendo especial labor sus estudios e investigaciones sobre la batalla de Tarqui.


“GRANDEZA Y HERMOSURA DE CUENCA Y LA PROVINCIA DEL AZUAY.-          Es admirable la grandeza de la provincia azuaya. Cuenca es una ciudad castellana de aquellas que quedan pocas en América. Los encantos de su belleza sólo pueden ser comparables a los de las ciudades españolas: Granada o Sevilla. Sus campos siempre floridos, donde la Primavera ha establecido sus reales, incitan al ensueño, a la oración y al canto. Al recorrerlos, pensaba en los deliciosos cármenes moriscos de la España legendaria. Allí, la gentileza y la cultura marchan armónicas: en ella están los más elevados exponentes nacionales en las Letras, en la Poesía, en la Historia, en la Diplomacia y en las Artes… Cómo no exponer la virtuosa galanura de la bella y espiritual mujer azuaya, sutil, inteligente, airosa como las flores de sus campos, y diáfana y pura como las aguas de sus ríos. Ellas, como la Laura del Petrarca, la Margarita de Goethe, la Graciela de Lamartine y la María de Isaacs, son las dulces inspiradoras de sus bardos y poetas. Se diría que cada una de ellas es una fuente de amor y poesía, en que vive y palpita el alma misma de esa maravillosa Arcaida de los Andes, y porque son ingenuas y románticas, acaso no han proscrito aún la escala de seda, las serenatas a la luz de la luna, las rejas floridas… Cuenca es la luz y armonía, dotada de los más preciosos dones de la naturaleza, clásica y legendaria en todas sus manifestaciones.”








*Prólogo de Ricardo Muñoz Chavez para el libro "Compilación de crónicas, relatos y descripciones de Cuenca y su Provincia" de Luis A. León, 1983.

"Bésame" por María Ramora Cordero y León. (1984-1976)

Bésame en la boca,
tentación sangrienta
que en el marfilino
color de mi tez
tu mirada aloca:
bésala, tuya es.

Toma y aprisiona
mis labios, retenlos
mucho, mucho tiempo
dentro de tu boca
y quede en la mía
la huella imprecisa
de tu beso eterno.


Ahoga mi risa,
Sofoca mi aliento
Con tu dicha loca
Bésame en la boca.


Bésame en la frente:
mi frente es muy blanca…
muy blanca…
Tu beso ha de ser
como un roce de alas
para ese diáfano
albor de mi frente.


Con la dulcedumbre
del despetalarse
de una margarita;
con la levedad
de la mariposa
que besa a una rosa;
con el misticismo
del nardo que muere
al pie del Santísimo:
con esa dulzura,
ese misticismo
y esa levedad:
piano… quedamente…
bésame en la frente.

Bésame en los ojos
con tu mejor beso:
un beso desnudo
de malos antojos.

Juntando tus labios
ponlos en mis ojos
como si posaras
tu alma sobre ellos;
como si besaras
la imagen bendita
de tu madrecita…

Bésame en los ojos
con tu mejor beso:
mis ojos son buenos,
mis ojos son tristes,
mis ojos ignoran la maldad del beso.
¿Qué saben mis ojos
De tus sueños rojos?...

Por eso:
con tu mejor beso,
con piedad y unción,
cual si te llegaras
a la Comunión;
pura, santamente,
sin darme sonrojos:
bésame en los ojos.

Bésame en los senos:
armiño escondido
tras la caridad
leve del vestido;
inquietante dúo
de rosas gemelas;
dormidas palomas
en un mismo nido;
de esencia de vida
llenecitas pomas.

Mis senos… mis senos…
blancura encendida
con yemas de rosas,
Mis senos…
ondulantes, plenos:
bésame en los senos.

Bésame en las manos:
mis manos piadosas
y caritativas;
mis manos que ungieron
sangrientas heridas;
manos que ahondaron
muchísimas vidas…

Sigilosamente,
mis manos tentaron
esas vidas simples,
diáfanas, de arroyo,
y otras pecadoras
de sucio torrente.

Pon tu boca ardiente,
pon, sobre la albura
sabia de mis manos,
y duérmela en ella
para que se tome
más buena tu boca.

Si vieras:
cual curan mis manos
la lepra deforme,
las llagas más vivas
de muchos Hermanos:
y los dejan limpios…
y los vuelven sanos…

Bésame… sí… bésame…
bésame las manos.

Bésame los pies
y no pienses que es
un capricho mío
bésame los pies…

ellos no han hollado

huertos florecidos;
no les ha lamido
cariciosa, el agua;
sino que se han ido
sangrientos, dolidos,
por una espinada
vía de dolores.

¡Ay, cuánto han sufrido
más pequeños pies!...

Sendas desoladas,
arenas candentes,
crispadas pendientes,
estepas heladas
saben de mis pies;
saben de la sangre
que en ellas hollaron
y de las crueldades
que les lastimaron.

¡Ay, cuánto han sentido,
cuánto… ya lo ves!:

Por eso, arrodíllate,

bésame los pies.



Maricorylé.

sábado, 11 de abril de 2015

Santa Ana de los 4 Ríos de Cuenca.

Sobre Cuenca....

CARLOS ALBERTO ARROYO DEL RIO



Una de las más calificadas inteligencias que ha tenido el Ecuador. Jurisconsulto y jurista de indispensable consulta, orador que con su verbo sobresale no sólo en su patria sino en el continente. Sus méritos no son por todos reconocidos pues, su soberbia personal ha impedido que se acerquen a él con confianza y con afecto. Soberbio como pocos se vio alejado del cariño social y popular, quedando para el campo de sus amistades élites seleccionadas por él, con non recomendable avaricia. Por otra parte su actuación política ha sido gravemente controvertida, en unos casos con razón y en otros sin ella. Le tocó a él en la hora trágica de la historia soportar el peso de cargas que se habían formado desde el comenzar de la República. Para con Cuenca, tuvo siempre el Doctor Arroyo del Río, sentimientos de los más nobles y calificados. Amó a Cuenca como pocos ecuatorianos han sabido amarla y admirarla. Veamos lo que en elocuente y maravilloso estilo nos dice de Cuenca el extraordinario orador e intelectual:



"En una apacible aquedad de los andes ecuatorianos, donde la cordillera se repliega cual una sensitiva de granito para aprisionar la quietud melancólica y sugerente del paisaje serraniego; bajo la piadosa tuición de los tallados campanarios que aspiran a sustentar en sus vértices de cruces, la serenidad de un firmamento inmutable y que repiten con sus monótonas voces de bronce la isócrona voz del agua que, desleída en las cimas corre y salta entre las laderas y la voz silbante e inalterable del viento que recogió en los páramos todo el quejido lastimero de su aridez y su abandono, junto a la caricia cristalina y refrescante del río que pasa como unción delicada de jazmines, cicatrizando ha onda incurable herida de los cantiles; se extiende, cual pincelada de espumas que realzan su blancura sobre el lienzo oscuro de las montañas, una ciudad de peculiares perfiles y legendarios abolengos en la que se diría que una mano pródiga, invisible y delicada, echó la áurea cimiente que había de reventar e perpetuas y lozanas espigas de ruda madurez intelectual. Es Cuenca, la ciudad procera que fundara algunas centurias el esforzado Gil Ramírez Dávalos; es Cuenca la ciudad que comunicó a Abdón Calderón toda la pujanza de su heroísmo juvenil; es Cuenca la ciudad que dio a Fray Vicente solano la penetración maravillosa de su vidente sabiduría; es Cuenca la ciudad que forjó el republicanismo rectilíneo de Antonio Borrero Cortázar; es Cuenca, la ciudad donde se destacó el espíritu jurídico de Juan Bautista Vásquez; es Cuenca, la ciudad en la que se modeló la figura patricia de Benigno Malo; es Cuenca, la ciudad que prestó la pasmosa espontaneidad de su lira a Luis Cordero; es Cuenca, la ciudad que trajo la pluma demoledora e irresistible de Manuel J. Calle; es Cuenca, la ciudad a la cual le cupo recoger el canto de angustia, de despedida y de muerte de Dolores Veintimilla de Galindo; es Cuenca, la ciudad que iluminó con llamas de patriotismo la mentalidad de Honorato Vásquez, el defensor de nuestro derecho, el ecuatoriano por autonomacia; es Cuenca, la ciudad que brindó inagotable fontana de dulzura al alma frágil de Miguel Moreno; es Cuenca, la ciudad donde templó su espíritu de combato, José Peralta; es Cuenca, la ciudad donde se talló ese brillante de mil facetas que se llamó Remigio Crespo Toral; es Cuenca la ciudad blasonada de frescos laureles guerreros y de inmarcesibles mirtos que ciñen la frente de sus pensadores y poetas y a la cual el Ecuador en merecido gesto de pleitesía la ha dicernido el cetro de su intelectualidad".


Posteriormente, con motivo de una recordación centenaria el poeta y orador de la frase castiza y elegante, dijo lo siguiente:


“Cuenca! Las seis letras de tu nombre son seis piezas de blasón, seis acordes de himno, seis hitos de gloria, tu historia es el deslizarse del pensamiento, fúlgido en el cauce de la palabra armoniosa. Por eso tienes tu discurrir y tu lenguaje propios e inconfundibles. A ti no se te puede rendir tributo con la frase desataviada y común, sin recurrir en profanación y osadía. A ti hay que hablarte con el verbo engalanado y pulcro que recuerda la sabiduría de Vicente Solano, la fecundidad de Luis Cordero, el patriotismo de Honorato Vásquez, la oratoria de Rafael María Arízaga, la dialéctica de José Peralta, el misticismo de Miguel Moreno; el verso rotundo de Remigio Crespo Toral y la agilidad mental de Gonzalo Córdova. La columna que simbolizas en el edificio de la República, únicamente pudo ser tallada con los cinceles cívicos de Benigno Malo y de Antonio Borrero. Tus anales solamente pueden ser escritos con la pluma justiciera y flamígera de Manuel J. Calle. A ti no se te dispensa elogio, se te rinde justicia. No necesitas las espirales del incienso sino la desnudez de la verdad.

Cuenca! Sigue la parábola luminosa de tu destino: el pasado te sustenta; el presente te impulsa; el provenir te espera. Para acercarse a ti en cualquier momento, pero sobre todo en el día en que un nuevo laurel centenario exorna tu frente, hay que elevarse sobre cumbres de inspiración y de renombre. Carente yo de estas, por lo menos te saludo desde la atalaya tranquila, vertical y majestuosa de mi silencio.”



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CAMILO PONCE ENRIQUEZ

Estadista poseedor de las más calificadas virtudes cívicas. El desempeño de su mandato presidencial fue ejemplar en muchos órdenes, pero destacándose en su respeto ejemplar de las libertades públicas y los derechos humanos. El señor doctor Camilo Ponce, tiene este juicio sobre Cuenca:



“Con la viva y natural emoción del ciudadano que, merced a la voluntad popular del Ecuador dirige sus destinos desde la Presidencia de la República, me descubro reverente para saludar a Cuenca, la ciudad hidalga y generosa por excelencia.
Cuatrocientos años de manantial fecundo, sin ellos ni Pichincha ni Tarqui hubieran sido posibles. Presente en las horas del sacrificio, merced al cuotidiano cultivo del ideal, dio al prestigio de la Patria no sólo fisonomía augusta, sino generaciones enteras de hombres que amaron la belleza, en tendieron el deber y prodigaron los mejores frutos del espíritu; estadistas a lo Benigno Malo y Honorato Vásquez; poetas a lo Luis Cordero y Crespo Toral, héroes a lo Calderón y Vega; familias patricias numerosas que tradujeron la divisa castellana del Escudo de la Ciudad a un alto, positivo y ejemplar a Dios y a la Patria, puesto que, “Primero Dios y después Voz”, no fue, no es, no será otra cosa que la historia y proyección de Cuenca desde el vértice de cuatro siglos hacia la Plenitud de la Belleza y la Eternidad. Sea su futuro grande como ha sido su pasado. Sea el fulgor de la tradición que alumbra al presente, sea el espíritu que vence y enseña a vencer sobre la materia deleznable y fugaz”.


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FEDERICO GONZALEZ SUAREZ



Honra de la Iglesia en la Patria y de la Patria en la Iglesia, dijo de esta figura cumbre de nuestra intelectualidad el doctor Luis Cordero Crespo. Sus virtudes cristianas le califican como uno de los más ejemplares Obispos de la Iglesia. Personalidad múltiple la del egregio Arzobispo que se destaca también como el más eminente de los historiadores de nuestra Patria. Así se expresa Monseñor González Suárez de Cuenca:


“Gil Ramírez Dávalos, no podía haber escogido sitio mejor, la ciudad que entonces solían llamar Nueva Cuenca del Perú. Paucarbamba, en lengua de los incas quiere decir llanura florida., campos de primavera, son por cierto, aquellos donde está edificada Cuenca. Campos siempre cubiertos de verdor se extienden a un lado y a otro de la ciudad; el plano en que esta se halla edificada, bajo del lado de allá del río y alto de acá, contribuye a la hermosura de la perspectiva, cuando se va del caino hacia el sur de repente se presenta a la vista un espectáculo inesperado: al pie del río formando un remanso junto a vegas espaciosas, que se dilatan hasta tocar con la cordillera; al frente, un vistoso y tupido bosque de árboles frutales, cuyo verdor y lozanía no marchita jamás estación ninguna; cuando el sol, próximo al ocaso esparce sus últimos rayos horizontales sobre la campiña, la hermosura del espectáculo es admirable… las aguas del río, al tropezar en las piedras del cauce brillan quebrando la luz como un grupo de amontonados cristales, y las formas indefinibles y variables de los arboles resaltan contrapuestas a la vivida lumbre del sol poniente. Empero el terreno donde crece ese bosque de árboles frutales es un conjunto de piedras menudas, entre las cuales la mano laboriosa de los habitantes de esos lugares encuentra modo de hacer prosperar sus huertas, en torno a cada heredad se levantan vallados irregulares, compuestos de piedras rusticas por entre cuyas grietas introduce sus raíces el moral silvestre, que creciendo arrimado junto a los muros tiende sobre ellos agreste ramaje, matizado de enrojecidos racimos. Y en este hermoso valle vive un pueblo que cree en Dios con fervor, ama la paz como otro ninguno, gusta del trabajo y se complace en ser hospitalario.”




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ALFREDO BAQUERIZO MORENO


Poeta, prosista, ensayista fecundo, novelista, orador, parlamentario y ejemplar estadista, este alto valor guayaquileño honró con sobre de merecimientos la Presidencia de la República. Al referirse a Cuenca nos dice:



“En la tierra cuencana la que secundó el grito y la libertad de octubre, la que los defendió luego con la abundando sangre de Verdeloma; la que en brazo estrecho y fraternal en acercamiento espontáneo que dura y durará perpetuamente, intocable y sagrado, unió a sus hijos con los del caudaloso Guayas, para que Sucre por cabeza, por escudo y por espada pasara gloriosamente por Riobamba y cegarán y ceñirán las sienes el lauro inmarcesible de Pichincha. Yo te saludo ¡Oh Cuenca! Fuiste ciertamente la cuna envidiable del Niño orgullo de tu nombre y de tu fama; mas fue una entraña guayaquileña la que le concibió y dio a luz en esa cuna y fue un alto pico de los Antes, el antiguo Pichincha el que le ofreció lecho de muerte y de gloria para su temprana inmortalidad, temprana y admirable. No lo queráis para vosotros sólos, cuencanos; es nuestro, es de todos, es el símbolo más elevado y puro de la unión de esos tres núcleos primitivos que forman hoy y formarán mañana, así lo espero a pesar de cualquier oscuridad, a pesar de cualquier mancha, la brillante y espiritual Patria ecuatoriana: la de nuestros padres, la de nuestros hijos engendrados y nacidos para morir por ella o para vivir felices en su seno, en el augusto seno de su tranquila y noble independencia.”















*Prólogo de Ricardo Muñoz Chavez para el libro "Compilación de crónicas, relatos y descripciones de Cuenca y su Provincia" de Luis A. León, 1983.

jueves, 9 de abril de 2015

Himno de la ciudad de Cuenca, Ecuador.

 *1904*


CORO


¡Reina hermosa de fuentes y flores,

Cuenca ilustre, de galas vestida,

rebosante de luz y de vida,

lujo y honra del noble Ecuador!





ESTROFAS





Hoy tus hijos, abejas sociales,
Que el panal del progreso han labrado
Te presentan el fruto logrado
Como prenda y tributo de amor.

De su gloria tu gloria dimana,
Digna Madre de egregios campeones
Y de sabios y santos varones,
Luminares del  patrio esplendor.

Tuyo el bravo La Mar de Ayacucho,
Tuyo el niño en Pichincha inmolado,
Cuyo nombre Bolívar, pasmado,
De Colombia en el pecho grabó.

Aun la vidas ayer destrozadas
Por la ruda segur del impío
(¡Qué justicia te piden, Dios mío!)
Son de niños rivales de Abdón…

Los insignes Solanos, los Cuevas,
Malos, Vásquez, Arízagas, Vélez,
Áureas plumas, helenos cinceles,
Tuyos, Cuenca, tus próceres son.

Bardos hay que, del fresco y undoso
Tomebamba en la fértil orilla,
Cañas rompen y, en flauta sencilla,
Te modulan arpegios de amor.


Artes trazan y Letras adornan,
Paso a paso, tu rumbo a la cumbre.
Cuando el sol de las Ciencias te alumbre,
Subirás con presteza mayor.

Ten por lema VIRTUD y TRABAJO;
Con el sabio el obrero compita;
Todo azuayo a sus hijos repita;
SIN TRABAJO Y VIRTUD, NO HAY HONOR.

Aunque truenen civiles tormentas,
Que ambición insensata desata,
Tú no corras al fiero combate,
No interrumpas la honrosa labor.

Cuando el humo los vientos disipan
En el campo de ruinas aciago,
Libre queda el horrido estrago
Sólo el pueblo que en paz trabajó.

Ten la Fé por imán que te guía,
La Esperanza por ancla segura;
Mira al cielo y trabaja, y procura
Que la dicha… te venga de Dios.

Reina hermosa de fuentes y flores!
Hoy tus hijos gozosos levantan
Su plegaria al Eterno y te cantan:
DESPUÉS DE EL, LA ADORABLE SOÍS VOS!



CORO
¡Reina hermosa de fuentes y flores,

Cuenca ilustre de galas vestida,

Rebosante de luz y de vida,

Lujo y honra del noble Ecuador!



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Letra: Dr. Luis Cordero.
Música: Luis Pauta Rodríguez.