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martes, 22 de marzo de 2016

Luis Cordero:

Al Glorioso Cervantes Saavedra
A los Trescientos años de haber nacido su inmortal don Quijote de la Mancha:


I

Para irrisión de andantes caballeros,
lanzaste el tuyo, de figura triste,
tempestuoso filántropo, que embiste
doquiera que barrunta desafueros.

A su lado pusiste el de escuderos
perfecto tipo, que al Manchego asiste
sólo porque el Fidalgo le conquiste
ínsulas en que hartarse de pucheros. . .

¡Tal es la sociedad! Almas ardientes
pugnan por el derecho conculcado,
provocando la risa de las gentes;

mientras un maula rústico y taimado
sirve de Sancho Panza a los valientes
por el plebeyo gaje del bocado.


II


Loco es tu paladín; mas, su manía
de amparar a dolientes desvalidos,
castigando a bellacos y bandidos,
a punto está de ser sabiduría.

Al otro mandria, de cabeza fría,
que todo lo refiere a los sentidos,
¿qué le importan fazañas ni cumplidos,
si al sórdido interés tiene por guía?

Hidalgo el uno, la hermosura crea
que corazón le acepte y homenaje,
férvido adorador de Dulcinea.

Villano el otro, sueña con el gaje,
y, si en algo más noble se recrea,
es sólo al recobrar a su bagaje.


III

Desazones, derrotas, penitencia,
todo lo arrostra el ínclito Manchego,
que, encendido de amor en vivo fuego,
milita en protección de la inocencia.

El paje es un modelo de indolencia,
a injurias mudo, para lidias ciego,
muy discreto, eso sí, cuando entra en juego
el tema de la propia conveniencia.

El adalid, que al débil presta auxilio,
deplorará, con frases peregrinas,
la suerte de Cardenio o de Basilio.

El mozo, de Camacho en las cocinas,
vagará como en propio domicilio,
engullendo perdices y gallinas.



IV

Don Quijote es el noble visionario,
por altos ideales aturdido;
Sancho es aquel plebeyo buen sentido,
que prefiere a la gloria el numerario.

Si embiste el Caballero temerario,
 el mozo queda oculto o encogido,
y ni palabra chista, si, vencido,
no abandona el palenque el adversario.

Blande el Hidalgo la pujante lanza
sólo por la justicia y por su hermosa,
que así de caballeros es usanza.

El zafio una piltrafa apetitosa
les pide a las alforjas, como Panza;
don Quijote es poema: Sancho es prosa.



V

El uno al natural, el otro al vuelo;
aquél con su sarcástica simpleza;
éste elevada siempre la cabeza,
confundiendo al Toboso con el cielo.

Arranques de piedad en todo duelo;
lujo de cortesana gentileza;
contra follones, varonil fiereza;
de honrosos lances insaciable anhelo.

Socarrón, el criado, le acompaña,
sobre enjalma de mísero borrico,
sólo por el botín de la campaña;

y olvida el manteamiento y cierra el pico,
porque su burdo cálculo le engaña
con Baratarias que han de hacerle rico.




VI


Tal es el mundo, ilustre Romancero:
algunos, con la mente perturbada,
imitan la ideal, pero arriesgada,
profesión del Andante Caballero.

Otros, como su rústico escudero,
 buscan lo material de la tajada,
aunque agujas los pinchen; porque nada
los enamora más que don Dinero.

Armemos los Quijotes por docenas;
montemos por millares a los Panzas,
y tendremos del mundo las escenas,

donde, al romperse quijotescas lanzas,
estallen burlas y se lloren penas,
producto de estrambóticas andanzas.



VII


¡Cervantes inmortal!, ¡cuánta cordura
acertaste a encarnar en la demencia,
haciendo de tu artista la excelencia
perpetuo asombro de la edad futura.

Moral, erudición, literatura,
milicia, poesía y elocuencia,
¡todo con la fantástica apariencia
y el bizarro color de la locura!

¡Sublime Manco, si llegase el día
en que la humana sociedad agote,
por deplorable caso, su alegría;

para hacer que otra vez la risa brote
en sonoros raudales, bastaría
abrir entre los tristes tu Quijote!








    




miércoles, 2 de marzo de 2016

"Balada de la hija y las profundas evidencias".-

El gozo de la luz se hace manzana;
el sueño de la tierra, hierba trémula.
Lo más lento del aire se hace nube;
lo más ágil del agua, pez o espuma.

Lo más áureo del sol prende la espiga.
Lo más triste del cielo cae en lluvia.
Lo más raudo del viento cuaja en pájaro;
lo más sueño del hombre, en canto, en hijo…

¡Oh sueño de mis sueños, Hija Amada,
alboroto de mi alma, flor surgida
entre tantos escombros de la sangre!
¡Pequeña uña rabiosa de la vida!

Me redimes del tiempo, luminosa
arteria del diamante o del lucero.
Antes de ti, el bosque, el prado, el río;
después, el corazón, de nuevo el bosque…

No hay antes ni después; sólo este júbilo
detenido en tus ojos para siempre.
¿Qué pudo suceder antes de tu alma
o advenir después de tu sonrisa?

¡Cuánto tardaste, amor, en devolverme
la soledad gastada a manos llenas!
Monedas de pasión nunca extraviadas,
en mi canto tornáis, multiplicadas.

¿En dónde está la espina de mi infancia,
la luz de junio sobre los nogales,
el ardor del torrente, la oxidada
cimbra que en la humedad tensan las ranas?

¿En dónde están: mi corazón cansado
de tanto amar a los desposeídos,
las grandes pausas de abandono y muerte
frente al total silencio de los astros?

¿Qué se hicieron los días en que el vino
fundó la realidad con los fantasmas,
la ola de redención de la belleza
que rescató los despojos de los sueños?

¿Qué se hizo la mar, su piel violenta,
la agitación del ser cumpliendo, insomne?
¿Qué fue de la conciencia empecinada
en oponerse al mundo, que es su imagen?

El ser retorna al ser. Nada se pierde.
Lo más leve del fuego esplende en llama,
lo más denso del rayo nutre el trueno;
lo más puro del alma, el polvo, el tiempo…

Lo más frágil del alba quiebra en trino;
lo más pobre del pobre, en la ternura.
Lo más blando del ave adensa el nido.
Lo profundo del hombre se hace canto…

En dar brillo y aroma a los rosales
gasté muchas sandalias y veranos;
en otorgar murmullo a los arroyos,
rumor del corazón, flema del alma.

Todo iniciaba en mí su resonancia.
Cobrando oscuridad, como la noche
para el hilván de las constelaciones,
se apagaba mi ser, y el mundo ardía…

Nada es gratuito, si algo es verdadero.
No cuestan sólo el pan y las camisas:
más caro es el balido del cordero,
la luz del alba, de nuevo, en la ventana…

En mí fue dispersión, Niña Preciosa,
lo que tu sangre aquieta y eslabona:
la redondez del fruto no recuerda
la oscura agitación de las raíces…

Desde mis arboledas, como un himno,
el rumor de tus venas se expandía.
Mi alma soñaba a tu alma; como el viento,
su nudo de palomas desatado.

Eres yo y más que yo: eres la espuma
que torna a la inconstancia de la ola;
el desmoronamiento del aroma,
devuelto a la cantera de la rosa.

Eres yo y más que yo: en ti regresa
el bosque a ser puñado de semillas;
retornan las madejas de la nube
al susurrante asombro de las aguas.

Te prolongo hacia ayer; tú me proyectas
con la avidez del ala, hacia el futuro.
Agotas, tú, mi ser y lo desbordas
en el presente puro de tus ojos…

¡Porque nada se gasta sin motivo!
Lo más dulce del trébol se hace abeja;
lo más terso del tacto, p1el amada;
lo mas arduo del alma, pensamiento.

Lo voluble del nardo huye en aroma.
Lo tenaz de los huesos pacta en lágrimas.
Lo más fresco del árbol se hace sombra
lo ávido de la conciencia, el universo…

Quebranto y alegría, anhelos, júbilo,
vuelven al corazón donde partieron.
Pero si alguien soñó o amó en la vida
los confines del mundo ha dilatado.

Ya no es el mundo el mismo, su armonía
con recientes acordes ha acrecido.
Si vuelve la cometa, es diferente:
torna empapada del rumor del cielo.

¡Oh esencia extraña del cundir humano;
vida que sólo es vida si e.s más vida!
¡Oh pura agilidad siempre en peligro,
efímera extensión, sombra del tiempo!…

En hermosura y música regresa
tu imagen bienamada hasta mi pecho
de varón solitario, corroído
por el viento nocturno de la muerte.

Con sombra de paloma hice tu frente,
con peso de jazmín tus leves manos.
Al espectro del ciervo yo he creado
para que fulgurara en tus cabellos.

La oveja me devuelve la dulzura
con que aureolé su paz para tus ojos.
Para tu voz, el río me repone
su manojo de venas disgregadas…

En ti rescato lo que di a la vida:
mi niñez aventada en las espinas:
mis años junto al mar, allá en las islas,
oyendo respirar, sordo, el planeta.

¡Hija mía, presagio de la dicha!:
no la felicidad, su anuncio sólo,
!a intensa exaltación que la antecede
y que, por no advenida, jamás cesa…

Nada fue inútil mientras destellaba.
Lo absorto de la piedra engendra el musgo.
Lo inmóvil de la altura se hace nieve;
el perfil de la brisa, mariposa.

Lo terco del sonido irradia en eco;
la plétora del ser, en sensaciones.
Lo más voraz del alma enarca el sexo.
Lo vano del recuerdo se hace olvido…

De queresas de mosca estamos hechos,
de obstinada pasión irremediable.
No venimos, no vamos, aquí estamos;
mientras anima el fuego fulguramos…

Sólo el amor nos salva y justifica
la indolente crueldad de la existencia.
Sólo el amor y el canto nos reintegran
lo que dimos al mundo, dilatándolo.

¡Hija amada, burbuja de alegría!,
todo converge en ti y, acrecentado,
en tierra, en cielo, en mar, en aire, en fuego,
reposa en ti, salvado para siempre…








Efraín Jara Idrovo.

Efraín Jara Idrovo:.

GRACIAS POR DARME, AMOR, TU AIROSA FLECHA.


Gracias por darme, Amor, tu airosa flecha
que me ensangrienta en horas ya de ocaso:
lapso en que al corazón ronda el misterio
con su respiración de leopardo...


Tiempo y conocimiento no menguaron
mi intrepidez, mecida entre relámpagos.
La intemperie es mi patria, no el sosiego.
Amo la intensidad, no lo que dura.


Y gracias por Preciosa. Hallé en sus ojos
al enigma enfrentado en el espejo:
si hay que morir, que sea enamorado.


Desde que hundí mi rostro entre sus senos
nostalgia apenas soy de su tersura,
nunca más voluntad ni pensamiento.




El Cajas, Ecuador.

sábado, 27 de febrero de 2016

Gabriel Gacía Moreno; República del Ecuador. s XIX


A la patria
(Soneto)


    Patria adorada, que el fatal destino
en fácil presa a la ambición condena;
donde en eterno, oscuro torbellino,
el huracán del mal se desenfrena:


    ¡ay! ¿para ti no guarda el Ser Divino

alguna aurora sin dolor serena,
alguna flor que adorne tu camino,
alguna estrella de esperanza llena?


   Si dicha y paz propicio te reserva,
que su potente mano te liberte

del férreo yugo de ambición proterva;


   o si no, que los rayos de la muerte
mi pecho hieran, antes que, vil sierva,
pueda infeliz encadenada verte.

María Ramona Cordero y León.-

El Romance de mi Muerte


Siglos hace que la tierra
ha mullido su regazo
para acunarle a mi cuerpo 
en el eterno descanso.

Por umbroso, por tranquilo,
por humilde y proletario, 
escogí yo misma un día
el trozo de Camposanto
en que he de dormir el sueño
del que nunca despertamos.

No en un hueco reducido
de ruin casillero humano
ni en ridículo y soberbio
munumento funerario;
sino junto, muy juntito
de los que son mis hermanos:
para saber lo que piensan 
con su pensamiento vacuo...
   Para escuchar lo que dicen
   en su idioma tan callado...
     Para sentir cómo late 
    su corazón de gusanos...
 Para dormir con los míos:
todos los infortunados . . .

Sobre el regazo materno
tendido mi frágil barro,
la eterna y humana Madre
que me cubra con su manto.
Y que ese manto le borden
con las raíces de un árbol:
fraterno guardián celoso
de mi postrero descanso.

Pero no un árbol maldito,
sin flores, frutos ni cantos; 
sino el árbol de mi Cuenca,
mi Capulí tan morlaco
millonario de armonías
que alegren el Caposanto:
los trinos de los pilluelos
y la risa de los pájaros . . .

Cuando se vengan los niños 
a jugar bajo mi árbol,
les dé la miel de sus frutos
para endulzarles los labios,
y, para endulzar su vida,
la rica miel de sus cantos.

Para que apague las sedes
de mis descarnados labios;
para que llene de lágrimas
mis tristes ojos vaciados;
y, calándome esta frágil
vestidura de mi barro, 
lave del polvo mis huesos
y los deje inmaculados:
que llueva sobre mi Tierra
copiosa lluvia de mi Arbol
-lágrimas de la alborada,
gotas del nocturno llanto
que los ojos de las nubes
sobre sus frondas lloraron-.

Hace siglos que la Madre
ha tendido su regazo: 
por recibirle a mi cuerpo
y anonadarle en sus brazos.




(MARICORYLÉ)

martes, 2 de junio de 2015

Deseos.

por Francisca Cordero Dávila (1882-1921)





En los tesoros de amor
de Jesús mi Esposo amado
tuvo para mi guardado
un nombre…



De Jesús Rosa me llamo,
Rosa de Jesús Cordero,
Rosa sin espinas quiero
ser para aquel a quien amo.



Y si Rosa con espinas,
clávenme estas en la Cruz,
pues, si soy Rosa de Jesús,
siga sus huellas divinas.



Al pie del Santo Matadero,
vuélvase roja la flor,
con la sangre del Cordero
que agoniza por mi amor. 

viernes, 29 de mayo de 2015

Boletín y Elegía de las Mitas...


por César Dávila Andrade.


 




I
Yo soy Juan Atampam, Blas Llaguarcos, Bernabé Ladña,
Andres Chabla, Isidro Guamancela, Pablo Pumacuri,
Marcos Lema, Gaspar Tomayco, Sebastián Caxicondor.
Nací y agonicé en Chorlavi, Chamanal, Tanlagua,
Nieblí. Sí, mucho agonicé en Chisingue,
Naxiche, Guambayna, Poaló, Cotopilaló.
Sudor de Sangre tuve en Caxají, Quinchiriná,
en Cicalpa, Licto y Conrogal.
Padecí todo el Cristo de mi raza en Tixán, en Saucay,
en Molleturo, Cojitambo, en Tovavela y Zhoray.
Añadí así, más blancura y dolor a la Cruz que trujeron mis verdugos.


II
A mí, tam. A José Vacancela tam.
A Lucas Chaca tam. A Roque Caxicondor tam.
En plaza de Pomasqui y en rueda de otros naturales
nos trasquilaron hasta el frío la cabeza.
Oh, Pachacámac, Señor del Universo,
nunca sentimos más helada tu sonrisa,
y al páramo subimos desnudos de cabeza,
a coronarnos, llorando, con tu Sol.
(Recitativo)
A Melchor Pumaluisa, hijo de Guápulo,
En medio patio de hacienda, con cuchillo de abrir chachos,
Cortáronle testes.
Y, pateándole, a caminar delante
de nuestros ojos llenos de lágrimas.
Echaba, a golpes, chorro de ristre de sangre.
Cayó de bruces en la flor de su cuerpo.
Oh, Pachacámac, Señor del Infinito,
Tú, que manchas el Sol entre los muertos.



III
Y vuestro Teniente y Justicia Mayor
José de Uribe: “Te ordeno”. Y yo,
con los otros indios, llevabámosle a todo pedir,
de casa en casa, para sus paseos en hamaca.
Mientras mujeres nuestras, con hijas, mitayas,
a barrer, carmenar, a texer a escardar;
a hilar, a lamer platos de barro -nuestra hechura-,
Y a yacer con Viracochas,
nuestras flores de dos muslos,
para traer al mestizo y verdugo venidero.


IV
(Recitativo)
Entre lavadoras de platos, barrenderas, hierbateras,
a una, llamada Dulita, cayósele una escudilla de barro,
y cayósele, ay, a cien pedazos.
Y vino el mestizo Juan Ruíz, de tanto odio para nosotros
por retorcido de sangre.
A la cocina llevóle pateándole nalgas, y ella, sin llorar,
ni una lágrima. Pero dijo una palabra suya y nuestra: Carajú
Sin paga, sin maíz, sin runa-mora,
Ya sin hambre de puro no comer;
solo calavera, llorando granizo viejo por mejillas,
llegué trayendo frutos de la yunga.
A cuatro semanas de ayuno.

(Recitativo)
Recibiéronme: Mi hija partida en dos por Alférez Quintanilla,
Mujer, de conviviente de él. Dos hijos muertos a látigo.
Oh, Pachacámac, y yo, a la vida.
Así morí.
Y de tanto dolor, a siete cielos,
por sesenta soles, oh, Pachacámac,
mujer pariendo mi hijo, le torcí los brazos.
Ella, dulce ya de tanto aborto, dijo:
“Quiebra maqui de guagua; no quiero que sirva
Que sirva de mitayo a Viracochas”.
Quebré






V
(Recitativo)
Y entre Curas, tam, unos pareciendo diablos, buitres, había.
Iguales. Peores que los otros de dos piernas.
Otros decían: “Hijo, Amor, Cristo”.
Y ellos: “Contribución, mitayo a mis haciendas,
a tejer dentro de Iglesia, aceite para lámpara,
cera de monumentos, huevos de ceniza,
doctrina y ciegos doctrineros.
Vihuela, India para la cocina, hijas para la casa.
Así dijeron. Obedecí.
Y después: Sebastián, Manuel, Roque, Salva,
Miguel, Antonio. Mitayos, a hierba, leña, carbón,
paja, peces, piedras, maíz, mujeres, hijas. Todo servicio.
A runa -llama tam, que en tres meses
comistes dos mil corazones de ellas.
A mujer que tan comiste
cerca de oreja de marido y de hijo, noche a noche.
Brazos llevaron al mal.
Ojos al llanto.
Hombros al soplo de sus foetes.
Mejillas a lo duro de sus botas.
Corazón que estrujaron, pisando ante mitayo,
cuerpos de mamas, mujeres, hijas.
Solo nosotros, hemos sufrido
el mundo horrible de sus corazones.


VI
En obraje de telas, sargas, capisayos, ponchos,
yo, el desnudo, hundido en calabozos, trabajé
año cuarenta días,
con apenas puñado de maíz para el pulso
que era más delgado que el hilo que tejía.
Encerrado desde la aurora hasta el otro claror,
sin comer tejí, tejí.
Hice la tela con que vestían cuerpos los Señores
que dieron soledad de blancura a mi esqueleto.
Y el Día Viernes Santo amanecí encerrado,
boca abajo, sobre el telar,
con vomito de sangre entre los hilos y lanzadera.
Así, entinte con mi alma, llena de costado,
la tela de los que me desnudaron.
“Porque no hemos venido
a vivir en la tierra.
Solo venimos a soñar.
Solo venimos a amar.
Aquí, en la Tierra”.


VII
(Recitativo)
Y tam, supieras, Amigo de mi angustia,
como foeteaban cada día sin falta.
“Capisayo al suelo, calzoncillo al suelo,
Tu, bocabajo, mitayo. Cuenta cada latigazo”.
Yo, iba contando: 2,5,9,30,45,70.
Así aprendí a contar en tu castellano,
con mi dolor y mis llagas.
En seguida, levantándome, chorreando sangre,
Tenía que besar látigo y mano de verdugos.
“Dioselopagui, Amito”, así decía de terror y gratitud.
Y a un Cristo, adrede, tam trujeron,
entre lanzas, banderas y caballos.
Y a su nombre, hiciéronme agradecer el hambre,
la sed, los azotes diarios, los servicios de Iglesia,
la muerte y la desraza de mi raza.
(Así avisa al mundo, Amigo de la angustia.
Así, avisa. Di. Da diciendo. Dios te pague).


VIII
Y bajo ese mesmo Cristo,
Negra nube de buitres de trapo vinieron. Tantos.
Cientos de casas hicieron en la Patria.
Miles de hijos. Robos de altar. Pillerías de cama.
Dejáronme en una línea de camino,
sin Sur, sin Norte, sin choza, sin… dejáronme!
Y, después, a batir barro, entraña de mi tierra;
Hacer cal de caleras, a trabajar en batanes,
en templos, paredes, pinturas, torres, columnas, capiteles.
Y, yo, a la intemperie!
Y, después, en trapiches que tenían,
moliendo caña, moliéronme las manos:
Hermanos de trabajo bebieron mi sanguaza. Miel y sangre
y Llanto.
Y ellos, tantos, en propias pulperías,
enseñáronme el triste cielo del alcohol
Y la desesperanza.
Gracias!
Oh, Pachacámac, Señor del Universo!
Tú que no eres hembra ni varón.
Tú que eres Todo y eres Nada,
Óyeme, escúchame.
Como el venado herido por la sed
Te busco y solo a ti te adoro.


IX
Minero fui, por dos años, ocho meses.
Nada de comer. Nada de amar. Nunca vida.
La bocamina, fue mi cielo y mi tumba.
Yo, que usé el oro para las fiestas de mi Emperador,
supe padecer con su luz,
por la codicia y la crueldad de otros.
Dormimos miles de mitayos,
a pura mosca, látigo, fiebres, en galpones,
custodiados con un amo que solo daba muerte.
Pero, después de dos años, ocho meses, salí.
Salimos seiscientos mitayos, de veinte mil que entramos.


X
Pero, salí. Oh, sol reventado por mi madre!
Te miré en mis ojos de cautivo.
Lloré agua de sol en punta de pestañas.
Y te mire, Oh Pachacámac, muerto,
en los brazos que ahora hacen esquina
de madera y de clavos a otro Dios.
Pero salí. No reconocía ya mi Patria.
Desde la negrura, volví hacia el azul.
Quitumbe de alma y sol, llore de alegría.
Volvíamos. Nunca he vuelto solo
Entre cuevas de Cumbe, ya en goteras de Cuenca,
Encontré vivo de luna el cadáver
De Pedro Axitimbay, mi hermano.
Vile mucho. Mucho vile, y le encontré el pecho.
Era un hueso plano. Era un espejo. Me incliné.
Me miré, pestañeando. Y me reconocí. Yo, era él mismo!
Y dije:
Oh Pachacámac, Señor del Universo!
Oh Chambo, Mulaló, Sibambe, Tomebamba;
Guangara de Don Nuño Valderrama.
Adios. Pachacámac, Adiós. Rinimi. No te olvido!


XI
A ti, Rodrigo Núñez de Bonilla.
Pedro Martín Montanero, Alonso de Bastidas,
Sancho de la Carrera, hijo. Diego Sandoval.
Mi odio. Mi justicia.
A ti Rodrigo Darcos, dueño de tantas minas,
de tantas vidas de curicamayos.
Tus lavaderos del Río Santa Bárbola.
Minas de Ama Virgen del Rosario en Cañaribamba.
Minas del gran cerro de Malal, junto al río helado.
Minas de Zaruma; minas de Catacocha. Minas!
Gran buscador de riquezas, diablo de oro.
Chupador de sangre y lágrimas del Indio!
Que cientos de noches cuidé tus acequias, por leguas
para moler tu oro,
en tu mortero de ocho martillos y tres fuelles.
Oro para ti. Oro para tus mujeres. Oro para tus reyes.
Oro para mi muerte. Oro!


XII
Pero un día volví. Y ahora vuelvo!
Ahora soy Santiago Agag, Roque Buestende,
Mateo Comaguara, Esteban Chuquitaype, Pablo Duchinanchay,
Gregario Guartatana, Francisco Nati-Canar, Bartolome Dumbay!
Y ahora, toda esta Tierra es mía.
Desde Llaguagua hasta Burgay;
desde Irubí hasta el Buerán;
desde Guaslán, hasta Punsara, pasando por Biblián.
Y es mía para adentro, como mujer en la noche
Y es mía para arriba hasta más allá del gavilán.
Vuelvo, Álzome!
Levántome después del Tercer Siglo, de entre los muertos!
con los muertos, vengo!
La Tumba India se retuerce con todas sus caderas
sus mamas y sus vientres.
La Gran Tumba se enarca y se levanta
después del Tercer Siglo, dentre las lomas y los páramos,
Las cumbre, los yungas, los abismos, las minas, los azufres, las cangaguas.
Regreso desde los cerros, donde moríamos,
a la luz del frío. Desde los ríos, donde moríamos en cuadrillas.
Desde las minas, donde moríamos en rosarios.
Desde la Muerte, donde moríamos en grano.


(Recitativo)
Regreso.
Regresamos! Pachacámac!
Yo soy Juan Atampam! Yo, tam!
Yo soy Marcos Guamán! Yo, tam!
Yo soy Roque Jadán! Yo tam!
Comaguara, soy. Gualanlema, Quilaquilago, Caxicondor,
Pumacuri, Tomayco, Chuquitaype, Guartatana, Duchinachay, Dumbay,
Somos, Seremos, Soy!



jueves, 28 de mayo de 2015

¡Rinimi, Llacta!

¡Rinimi, Llagta, rinimi
may carupi causangapa;
Mana quiquin Llagtashina
cuyanguichu runataca!

Huarmi, churita saquishpa,
ayllucunata cungashpa,
Cay tuta, quilla llugshigpi,
ñanta japinimi, Llagta.

Anga millayta ricushpa,
imashinami urpi huahua,
urcuta tigrash, chingarin,
cacapi miticungapa.

Chasnami cuyayla rini,
supay aputa manchashpa
chasnami, mana jaycapi
ricuringapa, chingasha.

Chayug runa cashca quipa,
huagchami cani cunanca;
paymi callaymanta quichun
jatun Apunchi cushcata.

Ñuca huasi paypag huasi;
ñuca allpapish paypag allpa.
¡Huyrappi rig ugshashina
causacunimi, Llagtalla!

Ushi huahuapish huañunmi,
paypag ucupi huacashpa.
¡Ushita quichuna randi;
shunguta quichunman carca!...

¡Alau! Nishpa, cungurishpa,
maquicunata churashpa,
quishpichigpa ñaupagpimi
huacami runa cashcata.

Pay Apunchicha ricunga;
paychari caita munarca;
payhuanmi saquispa rini
ishcay curipiticaca.

Ichapish, Pay cutichigpi,
muyumusha carumanta,
Huarmihuanpish, churihuanpish,
miticushpa callpangapa.

Maycan tuta, chaupi tuta,
sachata catish, chayashpa,
huiquijunda ugllashachari
cunan jichuscacunata.

¡Icha quimsandi llugshishun;
quimsandilla causangapa,
mana pipish tarigrina
urcuhuashapi chogllashpa!

Huañunatami llaquini
chican llagtapi, sapalla,
manapish cayman cutishpa,
manarag ishcayta ugllashpa.

¿Pichari, chasna huañugpi,
<Huañunmi> nishpa huillanga?
Ishcaya ñuca cutigta
shuyangachari shuyaylla...

¡Chayca ña quilla shamunmi,
payuchaupita quimllashpa!
¡Chayca jatarish purina
llaquipish chayana cashca!...


Rinimi, Llacata rinimi
may carupi huañungapa;
¡Mana quiquin llagtashina
cuyanguichu runataca.!






LC

lunes, 4 de mayo de 2015

Johannes Baptista Stiehle:



"El ingenio creador, Juan Stiehle, era alemán. Y tan solo llegó de la comunidad del Santísimo Redentor. “El Hermano Juan” como se le llamaba simplemente. Pero el Hermano Juan Stiehle tenía dentro la chispa del ingenio. Si en Alemania no dejó obra imperecedera, la dejó aquí en Cuenca, la ciudad que quedó consagrada a la Virgen Inmaculada, desde el instante en que se puso la primera piedra de La Catedral.    El Hermano Juan, humilde como un puñado de modestia, un guión negro de silencio, debió un día concebir el milagro, y lo concibió, como una Campana que resonase para siempre lo que sus labios nunca pronunciaron; como una rosa gigantesca que asciende de la tierra al cielo por lo que su cuerpo nunca se levantó, hundido en su sencillez. Era artista y era santo: por eso compuso La Catedral, figura de eternidad, como quien pronunciase avemarías"





Luis Moscoso Vega.





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“Esta populosa y extensa comarca del antiguo Azuay, ha visto con asombro la vasta e intensa campaña de religión y de cultura de los Religiosos Redentoristas. A ellos se debe la transformación de Cuenca, de sus usos y costumbres y la total evangelización de los habitantes de los campos. Los padres han enseñado prácticamente la arquitectura, los métodos agrícolas, la horticultura; han contribuido a incrementar industrias y oficios. Desde sus claustros se dirigió la construcción de la suntuosa catedral de esta ciudad cuyo arquitecto fue el eminente profesional Hermano Juan Stiehle”.


“Eminente profesional que no solamente nos dio la noción de lo que era el arte monumental, sino que depuró el gusto, aun para las construcciones privadas y ordinarias. A lo largo de nuestras calles se ven enfilando viviendas modernas en que es imposible desconocer la influencia estilística del Hno. Juan Stiehle”.




Sr. Remigio Crespo Toral en EL PROGRESO, 1992. 
Cuenca - Ecuador.





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“Dios mismo nos envió al religioso tan modesto, como inteligente y hábil. Al humilde y benemérito Hermano Redentorista Juan Bautista Stiehle. Su nombre deberá grabarse un día en letrasdeoro sobre la fachada de la nueva catedral”


Cuenca; Obispo Manuel María Pólit Lasso, 1908.





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“Dibujante Benedicto, paciente, nimio, consagrado, hace de cada boceto una obra de arte eximio, más si se valoriza haberlo ejecutado cuando la ceguera ya impedía al dibujante realizar a plenitud lo que su habilidad innata y su pasión misionera extraían de su hontanar artístico. La vocación redentorista fue vivida por este humilde Hermano en  una actitud misionera permanente… Se conoce que su humildad fue tanta, que la figura del simple hermano acrecentó el sentido cristiano de la verdadera fraternidad, siendo ella un mensaje misionero de cada instante y fuerza edificadora de la comunidad. Tan humilde como eficaz misionero, tan silencioso como fecundo constructor comunitario”



Alberto Luna Tobar, arzobispo 
emérito de Cuenca.